21/12/15

"Incurable sonámbula"

¿Cómo quiere el destino que entregue mis pechos a nuevas pasiones si vivo anclada a este pozo? Da un poco de reposo a mi corazón y en él me asomo a contemplar las imágenes que el Brujo del Olvido no ha logrado robar (no te las describiré hoy).

Mis piernas, cada día en más abrupta desproporción con mis latidos agitados, buscan ausentes minerales bajo la piedra fría. Quieren ser raíces; ignoran que Peneo no las salvará. No corre ambrosía por mis venas. Lo que mora en ellas es la inmensa plenitud del vacío, el hermoso lienzo sobre el que sonríen las estrellas, el corazón de Dios, que decidió hacer su casa en tus ojos y que después se convirtió en la tinta que hoy oxigena mis células. Mías, porque están en mí, pues ya no soy yo su dueña.

¿Y planea el tiempo que deje hueco a ardientes realidades, expulsando tu dulce recuerdo? ¿Desea que mi cuerpo se ponga en pie y se lance al mar, dejándose acariciar por la espuma de las olas? Ya probé una vez ese éxtasis. Fue tan efímero y me dejó seca el alma. Pero no, silenciemos al destino. Ven con tu aliento de primavera y lame las capas de hielo que se han formado sobre mi piel.

Y si no vas a venir, dile al destino que me deje seguir abrazada a este pozo hasta que la nieve bese también mis cabellos.



19/12/15

La última hoja

Amado cuervo, ven y pósate sobre mi mástil. Dame una razón para no huir de este barco de leyenda, que es cada noche más frío y acumula redes de seda, cárceles para mi pecho.


Ya se acerca el marinero envuelto en sol. A cada paso me invita a subir a su nave, una sencilla embarcación que huele a hierba y a lentas caricias. 

Aún soy joven. ¿Cómo obligar a mi alma a morir en nuestro barco? Me cubre el polvo. Ni siquiera has prometido tu regreso. ¿Qué fuiste a buscar a esa cueva subterránea? Te esperó la calidez de mi vientre, pero ya ha empezado, junto con el resto del cuerpo, a perder sus hojas. He conocido muchas especies de aves. Me abrazaron los cuatro vientos. Caí en la emboscada de las tormentas y fui herida por un despiadado rayo. Pero sobreviví, y a partir de entonces, he ido aprendiendo a navegar. Sin embargo, no he avistado tierra.

Ya oigo el saludo del marinero brillando en medio de su rostro. Ya viene con su piel palpitante y su pecho de lava. Se quiebra la mañana con el callado grito que me golpea desde adentro. Y en lo más profundo, el paisaje de tu alma que se convirtió en tinta. Siento que no eres pasado o futuro. Solo una ineludible eternidad.

¿No me queda otro remedio más que incendiarme en este barco? Triste Penélope que no sabe tejer. Abatido Teseo que ha perdido su hilo. 

Extiende el marinero su mano. El viento mece la última de mis hojas.


16/12/15

Tu dulce destierro

¿Cuántas veces habré de pedirte que me expulses de tu memoria? Arriban a esta orilla las olas transportando el eco de tus pensamientos. ¿Acaso creen que soy un puerto? Tú sabes que ni encrucijada de caminos ni suave y amena playa se pueden encontrar en mí, pues te asomaste tímidamente al mismo acantilado al que se le antojó hacerte huir.

¿Pero qué vienes buscando ahora? Intentas seducirme con promesas de un calmado futuro, ignorando aún el vendaval con el que se viste mi pecho. Y mi cuerpo es agitado testigo de cómo das palos de ciego. Ven, escucha: si tanto te interesa convencerme, sedúceme con la extasiada danza de desconocidos seres arbóreos entre tu sangre y tu piel, atráeme con los nudos de mar que un afortunado día aprendiste a deshacer, no busques ocultar el alfabeto perdido de tus raíces, muéstrame los colores que te parieron, embriágame con la savia del bosque sagrado, si es que ha sido ella la que ha ido añadiéndole palmos a tu ser.

Pero no, no me recuerdes si la chispa de la vida nunca rozó tu corazón, si tu nombre no tiene fragancia, si no hay magia en tus manos. No me pienses como el gorrión que descansa en su nido, sino como el águila que besa el viento. No me sueñes si te asustan los acantilados, si en ti murió la sensatez del mundo y la locura de los días. No me sueñes si para ti las palabras son conjuntos de letras y las melodías una serie de notas.

Si en ti no hay paisajes, destiérrame de tu memoria, deja que mi eterna ausencia cubra las huellas y busca una serena playa en la que seguir jugando a vivir.

13/12/15

Explícame...

Explícame cómo es esto de vivir, porque nunca lo he sabido. ¿Qué es vivir? Yo sueño, pero mis pies cargan con kilos de lodo. Decenas de angelillos diabólicos disparando angulares circunstancias y, por un lado, mis colores, mientras por otro, ogrientas emociones que intentan desahuciarme de mi propio cuerpo.

¿Cómo se hace para ser valiente? ¿Cómo saltas al vacío cuando no te juegas solo tu vida, sino que hay un alma inocente que depende de ti? No sé si hago lo correcto, trato de ir vadeando las saetas que quiebran mi paz y por el camino aplasto alguna que otra víbora. No te asombres, es por el barro de mis pies, que con el tiempo se va endureciendo.

Pero de todos modos, ¿acaso sabes tú más que yo de ser valiente? Mejor no remover el pasado, porque los dos podemos acabar pringados. 

¿Y de qué han servido estas palabras? ¿Pero es que alguna vez se aprende a vivir o es un privilegio que solo adquirimos cuando ya no necesitamos saberlo? 

Solo quiero que mi estrella azul brille tan fuerte que nada pueda volver a apagarla jamás. Pero mira, diciembre y la blanca neblina, la falta de noche y de fuego, la falta de ti, un cobarde al que mi cobardía detesta y a quien mi pecho no se cansa de amar.

Quisiera ser solo pecho para poder vivir de verdad. Que todo fuera gritar de alegría, llorar de pasión. Que todo fueran nudos de manos. Pero aquí estoy, helada, cansada por el peso de mis pies, esperando la siguiente flecha envenenada. ¿Y tú, dónde, cómo estás?

El hechizo

Estaba demasiado ocupada remendando cicatrices como para enseñarte mis medias de cristal, de manera que no descubriste el hada que esperaba aburrida dentro de mí. Y ahora que anhelo tanto asombrarte, ya es demasiado tarde.

Se han esfumado las medias de cristal, se ha perdido el color de mis mejillas y mis ojos, que antes te embrujaban, viven ahora enmarcados en una pared de granito. Mis cabellos aún no son blancos, pero no hay nada suave en ellos; por aquí siempre hay niebla.

Mi hada ya no está aburrida, sino que ha comenzado a desvanecerse y clama porque tus labios besen a este sapo que la envuelve y rompas así el hechizo.

16/11/15

19/IX/2015

Un año después, he vuelto a este rincón en el que acepté la realidad, profunda como estas aguas, de que, una vez muerto el dolor y el olvido, has pasado a vivir en mis venas. Supe que todas las ilusiones que han querido embriagarme  desde mi huida, y las que vendrán, no son más que cartón envuelto en papel dorado. Nada tan puro, tan de carne y alma como tú. Tu azabache. Tu azabache vence a mi vergüenza y hablo sin tapujos de tus ojos. Pequeños ojos negros. Ojos de artista, de poeta de la noche y de verdes mañanas. Inteligencia y real irrealidad en un mismo rostro.

Regreso a mis aguas, las que me han visto crecer. ¿No son también, junto con tu azabache y la sangre del nazareno, las que sustentan mi ser? Y hoy solo pienso que nunca las recorriste. Tal vez fue culpa mía por derramar en ti esa inconsistente mezcla de miel y hiel que tantos años he sido. Me atrevo a escribirte sabiendo que no te merezco, que solo he sabido herir tu corazón de niño envuelto en roca. Y sabiendo también que nunca volveré a reflejarme en tus ojos negros. El único cristal en el que podré mirarme seguirán siendo estas aguas de mi infancia.

2/11/15

Se disipará la niebla

Este gris que a veces me asola. ¿Por qué dura tanto el invierno que ni siquiera ha comenzado? Se me vuelve insípido el color de las hojas y me da por preguntarme si toda la vida he estado luchando por dibujar una sonrisa, si acaso no poseo esa cualidad de manera innata. Entonces me entristezco aún más.

Quisiera pensar que la alegría, hija de Febo, habita en mí y que los años siempre han ansiado oscurecerla; que en mis días lo que prevalece no es el gris, sino la lucha. Y desearía oír un susurro del cielo llamándome luchadora, más aún que vencedora, porque para vencer hay muchas vías, pero la lucha lleva en sus venas la dignidad.

Sé que las nieves de mi alma que hoy parecen eternas, mañana se habrán fundido. Durante las noches el humo de mis ojos se disipa y el invisible sol vuelve a abrazarme al alba. Y dejaré de preguntarme por el origen de mi sonrisa. La plenitud produce certeza. Pero ella, como el frío manto, tampoco es eterna.

Otro día regresaré al océano de niebla, me arrastrará la descendiente curva de las olas. Espero que al menos se lleve esta culpa al mostrarme que la vida es un vaivén en el que todo el mundo, de vez en cuando, llora.

L'enlèvement de Proserpine, Simone Pignoni

25/10/15

Deseo

El tiempo pasa muy lento a veces y mi pecho está encendido. Mi piel tiene sed de flores. Desapareció la necesidad de deshacer el nudo de mar. Tal vez ya se desenredó en una de mis noches azules, las cuales, a pesar de los intermitentes días grises, tengo miedo de perder.

No sé si contestar a las llamadas que de vez en cuando me hace un punto en el mapa, pues cuando lo he hecho, estaba vacío. Pero no, no quiero hablar de paisajes. Mi noche así, azul, es bella, aunque mis días también desean.

Suelo atormentarme con la idea de que mi rostro ya no es el mismo, que realmente el tiempo no pasa lento, como si hubiese, por lo tanto, dos tiempos, el pequeño y monótono y el fugaz y enorme que arrasa con todo lo bueno, como un huracán, y deja marcas demasiado visibles. Pero el agua toca mi corazón, y recuerdo al poderoso dueño del manto, quien es capaz de devolverle el brillo a la flor marchita y el entusiasmo al alma vieja.
Dejo de pensar en el tiempo, pero mi pecho sigue encendido y no ha llegado el día de que sople el viento. Para colmo, figuras de cartón quieren embelesar mi carne insistentemente. Solo puedo respirar tranquila en mis noches azules, y estas no son muchas. Aunque es cierto que en ellas, el corazón brilla más, de modo que aumenta la sed.


¿Sed de sol? Quién sabe. 

21/10/15

Renunciar a renunciar

Y después de mi nueva renuncia, de estas líneas que se volvieron a desdibujar, quedamos las calles de vieja piedra y yo. 

Constantes amaneceres, algunos de ellos obligados. Caricias en el corazón, aunque la piel tiene un poco de sed. Nuevos soles. Adiós de tinieblas que fueron yo (¿lo fueron?). 

Segundas incertidumbres. Temblor del corazón. Amenaza del miedo. Esta vez no quiero abrirle la puerta. Deseo de atravesar el puente sin mirar abajo ni a mis espaldas. Solo caminar con los ojos cerrados, con la certeza de que las flores besaron mi rostro.
Sonrisa no velada. Ojos sin piedra. Estrellas fugaces que no se chocan contra las paredes del pozo. No, ya no más pozos. Ya no más corazones que se niegan a abandonar sus zarzas. No más aguas estancadas, sino dulces arroyos que cantan al tranquilo viento. 

No más pasado. Solo un tiempo lleno de tiempo.

2/10/15

Silencio. Viento varado

Días sumergidos en la tibieza a ratos fría del hogar, días en que no se mira por la ventana, haya afuera paraíso o cemento.


Días de silencio en el alma, de otoño en blanco y negro. Estas notas acariciándome, tú meciéndome. Sabes que hoy no hay sonrisa.

No se irá el calor del todo, pero hoy toca de menú melancolía. Hoy toca eco de porqués, toca niebla que oculta el camino.

Descansa el tiempo del azabache y del rojo anhelo. Imágenes que quieren reposo, tal vez eterno. Muerte de paisajes que han sido despojados de su canto; el búho cerró los ojos.

Destino

de silencio que arranca sutilmente bosques dorados. Noche que se transforma en carbón, y este en cenizas que el viento se lleva despacio.


Se equivoca el mar al decir que el barco está quieto. Anoche miré: desapareció el barco. Cuentan los viejos marineros que trabó amistad con Cerbero.

Hoy solo respirar, entonces. 

28/9/15

Crónicas de un náufrago

Tanto tiempo sintiéndome culpable, pensando que en mis manos había estado la capacidad de evitar que el puente se derrumbara, y descubro que lo único que he hecho ha sido olvidar que la madera ya estaba podrida, que el pirata eligió arrojarse al mar de sombras.
Luego escriben canciones quejándose de que queremos encerrarlos en una vida aburrida, convertirlos en tipos formales. Brava hipocresía. Les amamos con todos sus defectos (que son tantos como los nuestros), abrimos nuestro pecho todo lo que podemos, y en cuanto les pedimos que nos ayuden a colocar un tablero en el puente, nos acusan de lo ya mencionado.

Incluso se nos ocurre tener la esperanza de que el pirata saldrá de su mar tenebroso para buscarnos antes de que sea demasiado tarde. Creemos que la tardanza se debe a que las olas han borrado las huellas de nuestro naufragio. Y mientras tanto recorremos caminos espinosos, atravesamos desiertos y logramos -tal vez de una manera sobrenatural- salir vivos del volcán. Es cierto que al final de tan larga travesía hallamos una perla de gran valor que ya nunca nos abandonará.

Y se silencian las voces que nos culpabilizan y comprendemos que lo único que hemos hecho ha sido amar con un corazón humano, es decir, imperfecto.

19/9/15

Tus dulces manos

En medio de la aplastante rutina, clamé. Mi pecho estuvo muerto, fue piedra, y clamé.

Asomé mis pétalos marchitos por entre los montones de chatarra y pude beber por breves momentos tu luz. Y así fui bañándome en ti, entre aguas de desaliento y de esperanza. Hasta que llegó el día, como otras veces, elegiste un lugar mágico, belleza salida de tus dulces manos; te llevaste la chatarra, besaste mi corazón y lo encendiste con tu aliento.

Por fin pude cantar esa frase que antes se quedaba atascada en mi boca: la pasión no morirá. La pasión no había muerto del todo, aunque aún no lo sabía, y tú la reviviste. Por eso hoy puedo escribirte estas palabras, porque eres tú quien peina mi alma, quien deshace con ternura sus enredones; eres la brisa que corretea por mi interior, acariciando cada rincón, quien da brillo a mis ojos y luz a mi tristeza, quien me mantiene en la esperanza cuando la niebla no me deja ver lo que hay alrededor, quien conoce mis tropiezos y levanta mis manos en los momentos en que sé que no lo merezco, quien me enseña a perdonarme cada día. 

15/8/15

Añil


Se abrió la caja de música y ahora la vibración de las notas comienza a agitar el pecho dormido en un salino vaivén.

Me recorre el colorido sueño mientras intento adelantar todo el trabajo atrasado. Fuerza que invalida el plomo de la rutina con las alas de esos seres que bailan por mi pecho, por toda mi alma. Agitan las dormidas aguas y se van mojando las obligaciones.

Aparto estos papeles que otras veces me alegran. Hoy no puedo conformarme, no puedo fingir que algunos de mis sueños sustituyen al más grande de todos, el que huyó con las estrellas y dejó mi cielo en los huesos.

Tanto anhelaba la capacidad de sentir, que finalmente venció y he quedado expuesta a esta sucesión de brisa y vendaval.

Tanto, tanto quise derretir la roca de mis entrañas y empapar las nubes, tal vez por ver si así el cielo vuelve a brillar. Pero hoy todo es de un añil inabarcable.

Noche azul que empaña las palabras. Sutilidad que sumerge a la razón en el mar de sueño que me ha vencido. Y ya no veo nada más que el azul.


13/8/15

El silencio del nudo de mar

El nudo de mar ha callado. ¿Dónde navega? La oscuridad no me deja comprobar si crecen plantas en su orilla; ¿han perdido el verdor?
El nudo de mar no respira, o no oigo el motor de su aliento. La perla está más oculta. Ni vida ni muerte. Insípida espera.

Pensamiento hueco. No anhelo ese momento en que se desenrede mi (¿nuestro?) nudo de mar. Pecho sedado, ¿por qué? 

¿Cómo se ha dormido mi pecho? No es muerte, solo descanso semejante al dulce sueño tras un día agitado. Un sueño sin sueños. Una pantalla de cine media hora antes de que comience la película, de que suene el despertador.

¿Qué huracán de emociones encierra esta neblina? No palpita hoy el mar, incluso su sal duerme.
Y no sé si quiero que caiga la noche y despierte mi alma, y hablen los árboles y navegue el viento y el búho derrote a la ceguera, o si en cambio prefiero seguir en este blancuzco sueño, este universo varado tan lejos del misterio.

Si pasadas unas horas las olas me golpean, querré haber seguido durmiendo. ¿Pero no es mi voluntad esa hoja que nada puede hacer contra el vendaval que la arrastra y la nieve que la devuelve con rudeza al suelo?

La nieve, sí, la nieve de este blanco sueño que embota esa parte de la mente que se entrevera con el alma.

Qué extraño es este sosegado no sentir, tan diferente de la muerte pasada. Solo logra introducirse en el lienzo una sutil amenaza. ¿Será un tsunami o una bella ola dorada? ¿Será desgarro o arco iris? El alma anhela el galope de esos oiseaux de mon coeur, pero está cansada de acabar siempre en la UCILI (unidad de cuidados intensivos para locos inconformistas). Parece que esta vez prefiere conformarse, parece que quiere huir de caballos sin brida.

¿Podrá seguir reposando?


26/7/15

Sentimientos lapidados



Ven a rescatar mi rosa. Clamo a ti día y noche. No alcanzo la esperanza, se ha disuelto el material de los sueños. No, no puedo soñar.
Tan lejana que escapa a mi vista, o tal vez es el humo que me envuelve, que adormece mis manos y ahoga mi pecho el que la aparta de mis sentidos, pero en realidad está a un centímetro de mí, flotando en su cielo –lo puro no puede vivir en un aire contaminado-, esperando la espada que rasgue esta lona.
Dónde, dónde está la brisa. ¿Hace cuántos siglos perdí las estrellas? Ven a rescatar mi perla, no siento la llama, y aun así no hace frío. No, no hay brisa, aquí no hay nada.
Llorar por mi volcán, echar de menos… nada. No puedo hacer nada. Ha muerto mi cuerpo, solo es un amorfo conjunto de harapos vacío por dentro.
Necesito tanto mi alma. Ven, ven a rescatarla, baja a los infiernos, vence a las fieras. Yo no tengo fuerzas, quedé enredada en mi veneno. Mi rosa está sucia, mi rostro arrugado, mis manos son escarcha, mis pies están anclados. Y yo solo quiero vivir, beber la luz del cielo, arroparme con los colores del arco iris.
Ven, ven a rescatarme.

18/7/15

"Quiero vivir, vivir... y ser yo, yo, yo..."

¿Por qué siento mi ser tan ancestral como los escalones en los que reposo el vuelo de mis pensamientos? Tal vez porque mi alma fue pensada antes de la fundación del mundo, tal vez porque es una flor extraña diseñada por un jardinero e insertada en carne de cemento y ceniza, que constantemente la quiere sepultar.

Y claro, claro que me contamina, claro que he de cortar diariamente estas zarzas de alambre que solo sirven para herir. Pero que nadie diga que no existe esta fragancia que cosquillea mi cuerpo e ilumina mis ojos.

¿Que no me pertenece? Eso ya lo sé. Sé que es un don, entonces dejadme disfrutarlo. Porque no quiero fundirme en la nada, porque son estos esbozos dorados los que mantienen viva mi esperanza, porque incluso los copos de nieve son todos diferentes entre sí.

Es mi clamor repetido: "dejadme ser, dejadme ser yo, dejadme ser más". Y no, yo no quiero ser Dios, pues Él es más bello y complejo de lo que yo seré nunca, solo una pieza de su gran puzzle, el sendero de un bosque que pasea junto a un arroyo dentro de un mundo infinito que recoge todas las maravillas conocidas -un manto de innumerables olas de arena en cuyo centro hay un oasis, grandes cascadas peinando un imponente verde, altos árboles tropicales, refugio de coloridas aves- y las que aún no han sido ni siquiera soñadas.

Pero no, no matéis el paisaje de mi alma. Yo no soy culpable de que no sepáis escucharos a vosotros mismos, respiraros. Quizás Él os hizo así por un motivo.
El sentido de la vida, y aun de la vida eterna es existir. Si quisiéramos fundirnos con la nada, entonces cambiaríamos de Dios y de creencias. Por tanto, dejadme, dejadme ser yo, cada día más y más, para eliminar el desguace que me aprisiona y convertirme en lo que siempre debí ser, en el propósito original.

Solo quiero ser.

4/7/15

Atrapada por las trampas del tiempo



Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. 
                                                                                                     Joaquín Sabina.


Son escasos los instantes en que puedo penetrar la niebla. Como el ciclo del agua, la emoción es primero susurro que se introduce en mis oídos, reposa en mi cabeza mientras se solidifica en imágenes corpóreas, desciende al pecho, donde va aumentando su temperatura para subir de nuevo hasta los ojos y regresar al exterior en su forma líquida.

Son cada día más escasos tu azabache, el azul de mi sonrisa silenciosa... Los inocentes paisajes de mi alma pierden sus latidos y sus reliquias son zarandeadas por los ocupas de mi mente, seres grises cuyo rostro se parece demasiado a un signo de interrogación.

Cuándo les abrí la puerta, cuándo desprotegí este edén, dejando en manos ajenas la gema de lava que origina la armónica danza de todos sus elementos. 

El tipo de las ojeras es, a pesar de su constante tiritar, el más agresivo. Me cuenta historias de apariencia cómica que acaban perturbándome debido a una serie de palabras sueltas, inconexas con el resto del relato.

Como ves, ya ni siquiera soy capaz de esculpir la esencia contenida en este bloque de mármol que es cada emoción. Mi mano ha perdido su firmeza, mis herramientas están impregnadas de la basura que producen estos insolentes ocupas, y el olor a brea me hace olvidar las líneas que halla en primer lugar mi corazón y que mi cincel solo debería copiar.

Pero esta quietud artificial, esta falta de vendaval me lleva a orientarme por las voces de los siniestros sujetos. El volcán está dormido. El ciclo de la emoción permanece en una interminable pausa, como una cinta de VHS que ha sido cortada por las moiras.

Sin calor que derrita el hielo, este se convierte solo en un leve jadeo que se lamenta por las trampas del tiempo: detenido pero alejándome sin compasión de mi azul excelso, de las estrellas de mi arco iris.Avergonzada por lo que ahora soy y deseando que descubras la mariposa que habita algún rincón de mi interior, permanezco atrapada entre la voluntad y la brisa de plomo.

Purgatorio de gusanos satisfechos y sonrisas huecas. Huesos que no vuelven a ser polvo. Y mis ojos se parecen a los de ese tipo del temblor y he cubierto mi cuerpo de gruesas capas amorfas de harapos. Y tú cada vez más lejos y mi anhelo más callado.

Y las trampas del tiempo: tarde de noviembre perpetua; ruedan los años sin amaneceres y sin lumbreras de la noche.

30/6/15

La bruja de Mr. Shadow

Siempre la veía ponerse su disfraz: comenzaba por la malla de color carne que le servía para ocultar todos sus forúnculos, después se ponía una tela fina que impregnaba su cuerpo de un agradable aroma a rosas y seguía con la túnica blanca, las alas de colores brillantes y, por último, la peluca y el maquillaje. Pero lo que más cambiaba su aspecto era el gesto sonriente que adoptaba de forma instantánea y el tono de su voz.

Llegaban entonces sus invitados y ella mariposeaba a su alrededor, intentando que en todo momento se sintieran complacidos. Cuando se iban, contemplaba, aún con esa sonrisa, el termómetro que indicaba el número de halagos que le habían hecho durante toda su vida, o para ser concretos, durante la vida que recordaba con claridad.

Una vez satisfecha, se despojaba de su disfraz y volvía a su aspecto natural. Bajaba al sótano, donde tenía enjaulados a unos pequeños animales y comenzaba sus torturas diarias. Mientras tanto, yo permanecía en mi alcoba con la puerta cerrada y silbaba para no tener que oír los gritos.

Hoy recorro los pasillos que ya no me parecen tan lúgubres. Ni siquiera la visión de los gusanos que moran en la bañera me resulta tan repugnante. Tal vez porque esta misma noche estaré dándome una deliciosa ducha en un cuarto de baño que no se cae a trozos. Tal vez porque las garras de Mr. Shadow y su bruja no podrán volver a tocarme.


17/4/15

14-IV-2015

A veces anhelo que tu sombra se convierta en cenizas para evitar así la soledad cuando quiere ser tinta de mis venas y dibujar flores caducas en mis labios. La soledad de que tu sombra sea solo sombra. El miedo de que sea más que sombra y me desgarre el pecho. 

Y lo que quiere mi pecho es reposar en la noche de tus ojos, y al mismo tiempo, teme que rasguen un yo idealizado, y queden esparcidas por el frío suelo bestias llenas de forúnculos.

Dicen que el amor solo es verdadero cuando es incondicional y yo siento que no puedo amarte si soy solo un mal sueño, un agotador rayo de mediodía, un camino mal asfaltado.

Siempre quise ser mariposa, al menos para ti, pero el espejo me muestra tantas imágenes diferentes ¿Dónde encontraré el cristal puro que me diga quién soy? Tus ojos están llenos de humo.

5/4/15

4-IV-2015

Decidió dejar de culparse por no tener ya amapolas y siguió derramando desiertos por sus mejillas, sabiéndolos eternos.
Renunció también al anhelo por recuperar esos extensos campos rojos y se sentó quieta en medio de las dunas.
Incluso el cielo, que durante largos años lloró a causa de la voz extinguida de ella, no tenía ya nubes ni color.
De vez en cuando aparece algún oasis, pero ninguna amapola, ni otras flores rojas, rosas o moradas... Allí solo existe un verde ahogado y el interminable marrón, que acabará convirtiéndose en ceniza.
Ya casi ha olvidado los campos de mayo de su juventud, más allá del océano, en su tierra natal.
Ahora ya no desea nada. Extrañas voces la invitan a abrir los ojos, a levantarse, pero sus oídos están llenos de arena.
Y yo no sé si finalmente un viento la empujará para acercarla a su destino, o si este consiste en convertirse en polvo permaneciendo así por siempre en el desierto.

13/3/15

La resurrección de Max Estrella


Llego a casa con los pies ensangrentados y el corazón lleno de tierra y afiladas piedras que se pelean por penetrar la carne.

Si no estuvieras tú, yo también esperaría mi muerte en vida, en malolientes tabernas de almas errantes, en oscuros templos de la picaresca. 

Si no estuvieras tú, suicidaría mis ojos, y tal vez, en un desesperado tanque, algún día, también los ríos de mi cuerpo.
Actores representando Luces de Bohemia

Pero llego, y allí estás tú, esperándome con una fuente de agua tibia y sales perfumadas; fuente inagotable, inalterable, pues al introducir mis pies, desaparecen polvo y sangre, y el agua se conserva cristalina; y de repente toda la estancia huele a canto angelical. Aplicas después un ungüento a mi corazón, que lo mantiene protegido durante otras veinticuatro horas. 

Sin embargo, pronto recuerdo por qué fue herido, y vuelvo a llorar, solo, porque ante tu presencia no puedo irritarme. Y es que no todo el mundo tiene quien le lave los pies. Pechos donde ya no cabe una cicatriz más. Pones tu mano en mi hombro, me vistes ropa nueva, me ciñes, me das un recipiente con tu agua viva y una toalla tan blanca como tu alma, y me envías por caminos agrestes. Y cuando dudo de mí misma, de cómo yo, que me enfado con facilidad, que tropiezo a cada instante, podré dejar pies y corazones limpios, te posas como viento junto a mí y me susurras que es el agua que me has dado la que hace el milagro, no yo.

Si Max Estrella hubiese buscado el espejo escondido del callejón del Gato, si hubiese escuchado la voz femenina que lo apartaba de quienes se aprovechaban de él, tal vez hubiera tenido alguien que le lavase los pies. O tal vez ese alguien pasó muy cerca de su lado, pero un traspiés lo desvió del camino donde hubiese hallado a Max.


25/2/15

Quería escribirte, noche


Escribir quería a la noche
y animarla a soltar sus nubes
de plástico iridiscente.
Pero entendí que también
mi ser exige pureza.
Pureza que a veces se cansa
de brotar quebrando piedras.

Chocamos de frente con las
dos fuerzas que nos componen;
mas solo una de ellas
nace en la higuera del miedo.

Y cuánto yo quisiera que
este árbol me cortaran.
Que se abrieran mis rosas y
que la brisa probara esa
pulpa cristalina que
palpita en mis entrañas.

No es que yo desee, noche,
dejar de escribirte, pues
pureza atrae a pureza,
y mi estrella busca tu abrazo.
Pero ¡cómo! dime, cómo,
si para fundirse noche
y luz, han de atravesar
nubes  y  asfalto.
 
 

12/2/15

12/II/2015

En estas noches calmadas, tras el gramático trajín, me pregunto por qué he de amar.

Amar a quien no me ama, amar a quien no me aprecia.

Yo no planté este amor, que más parece un yugo. No es libre. Y si no es libre, no es amor.

A través de la ventana me despeina la dorada historia de la eterna ciudad -esto sí es amor-, y de repente tintinea una alegría que despierta de su invierno. Viene envuelta en otro amor, amor por el conocimiento, amor por tejer las ideas para esbozar la verdad.

Verdad y mentira tienen la misma forma, susurra el viento

Y se traslada esa batalla a mi interior. La danza de hojas comienza a abrirse hueco en esto que soy, o creo ser, y la perla nocturna desfallece de nuevo.

Pero entonces se levanta la conciencia, defendiéndola con fiereza. ¿Por qué, por qué mi conciencia ama tanto a la perla? 

¿Y por qué habría yo de luchar por algo que acumula capas y capas de nieve y ceniza? ¿Por qué no dejar que este sabio sol que anuncia primavera polinice mi flor, que se cansa de estar cerrada?

Ojalá no conociera los nuevos nudos del tapiz. Ojalá Ariadna cortase el hilo.




1/2/15

Se me ahoga la poesía...

Se me ahoga la poesía en esta espiral de afilados dientes.
No quiero llamarlo desgarro. No. Las pasiones que me desgarran abrazan en encendidas llamas mi pecho cuando amenaza el desfallecimiento.
Si existe una palabra para esto, aún no la conozco. Es un alambre de espinos que aprisiona mi alma, y hace que rezume ennegrecida hiel.
Salpica, erosiona mi integridad. Mi presente.

Es una batalla entre el puño del pasado y la danza de un pincel que conoce el misterio de los colores. Perdí de vista el pincel. Y la líquida pena de mis ojos no me permite comprobar cómo ha quedado mi piel. Y es que las lívidas manchas que deja el pasado no pueden mezclarse con la paleta del pintor. Pertenecen a distintas esferas.

Cómo concluir. Yo no soy profeta. Solo quiero dormir. Tal vez entonces un ángel me alimente.

Pintura de Juan Antonio de Frías y Escalante

3/1/15

La llave y el pirata

Oh mar enredado, es tiempo de callar. La noche aún está ciega y el faro oculta, impasible, la luz de las estrellas. 
Observa, mar, el viento está varado y el pirata no ha encontrado su tesoro. Camina, sin saberlo, por laberintos de bruma, aunque hace demasiados inviernos que desistió de la búsqueda. 
Pero hay en el cofre una llave destinada solo a él; llave que, con su canto, mueve sus pies y ahuyenta a los cuervos.
En medio de la quietud galoparon mis latidos. La bestia marina surgió y, con su expresión soberbia, amenazó con devorar el fruto de mis ruegos. Si supiera que en la sima abisal una ninfa teje sin cesar el invisible camino a la llave.
Oh, mi mar enredado. Es tiempo de callar. Los esbirros de la bestia nos zarandearon, fuimos abocados al naufragio. Mas, ¿cuánto duró el gélido desierto? ¿No acudió presto el sol en nuestra ayuda? ¿No hace tiempo que cantan las golondrinas?
Persiste, pequeño mar.
No duermas, que es nuestra esperanza la que da fuerza a las manos de la ninfa.