31/5/14

A veces me pregunto si mi relación con las letras ha servido realmente para algo. Soy testigo de lo que me parece mi descenso y, cansada hasta de frustrarme, observo inmutable la pluma sobre la mesa mientras mis años ruedan sobre una vida en la que todo es protagonista menos yo.

Y no, no es que no quiera fundirme con viento de letras volando como mariposas. Lo que pasa es que los borrones se han apoderado de mis manos. La papelera me pidió que ya no la llenara más de historias a medias.

¿Quizás fue demasiado precoz mi amor por este arte? ¿O mucha mi ingenuidad al no ver lo que la vida me traería? Miseria. Pero la miseria económica se puede sobrellevar, en cambio la miseria cultural y la ausencia de alma, ¿cómo?

Decidme si acaso una semilla recién germinada puede dar fruto cuando vive rodeada de topillos, cuando es pisoteada por gigantes vacíos de corazón, sufre los efectos de los incendios que asolan la zona y entonces llega un importante empresario que decide que eres un estorbo para su proyecto de centro comercial. Resistes por un tiempo, contemplando cómo el resto del bosque es extirpado cual peligroso cáncer para una forma de vida que debe a toda costa dominar. Y ya sólo hay asfalto. También en tu corazón.

Todo son obstáculos para crecer y dar fruto, pero no quiero ser parte del asfalto. Y así pasa mi vida, en apatía. Sólo tengo fuerzas ya para continuar existiendo como planta y nada más un milagro podría ayudarme a quebrar el suelo artificial que me rodea para que así puedan surgir las letras de mí en total libertad.

20/5/14

Más azabache y algún que otro porqué

Te sigues preguntando por esa brillante oscuridad, por la plenitud del vacío.
Es la sólida respiración del bosque, demasiado inmensa para el corazón humano.

Ahora rodeada de cemento, aunque libre al fin, me visita la lluvia que no moja, recuerdos casi desdibujados.

No es tiempo de buscar porqués, pero me aplasta el azabache, me atraviesa la melodía. Y sé que no pude romper cadenas, que no soy salvadora de nadie. Y que quien quiere libertad, camina hacia ella. Pero hay quien lleva tanto tiempo entre las paredes de su zulo, que las confunde con su piel. Y qué hacer, si yo misma anhelé por años huir de mi propia cárcel y lo que más se ama es lo que más se teme. ¿Cómo obligar al amante de la libertad a escogerla? Libertad de esclavizarse... he de respetar la opción, aunque...

No diré lo que siento, lo dejamos en "aunque no quiera". ¿Qué hago ahora con el azabache? Ojalá pudiese, sólo un instante, volar en él...

Se me enredan los porqués con los anhelos.

¿Serviría de algo ahora ser flor y despertar el silencio del bosque con mi fragancia? Mejor dejamos aquí esta locura. Mejor lo escondemos en el cajón de lo inaceptable, aunque un susurro me inquiete con su pícara pregunta: ¿eso es acaso libertad?



You Can Never Ever Leave Without Leaving A Piece Of Youth
And Our Lives Are Forever Changed
We Will Never Be The Same
The More You Change The Less You Feel


18/5/14

Rutina

La puerta de salida para la creatividad está cerrada. Una y otra vez subo al desván y allí está mi secreter, con algo de polvo. El papel resplandece iluminado por la luz del sol, que se refleja también en la punta de la pluma, deseosa de contar historias, misterios, aventuras... Hay suficiente tinta y papel. Todo está listo para comenzar a crear nuevos sueños, pero entonces, al acercarme, un sólido muro aparece entre el secreter y yo. Por más que golpeo, el muro no cae. Y allí me quedo, frustrada, viendo el reflejo del sol sobre la punta de la pluma, oliendo la tinta que no podrá cumplir su objetivo.
Vuelvo a la rutina, aún más cansada, desilusionada, sabiendo toda mi creatividad perdida.
Ya he ido tantas veces y siempre se repite.

¿Volver a subir? No lo sé... Sólo deseo poder sentarme y escribir, escribir, escribir... que jamás muro alguno me impida crear. 

De El camino hacia la luz II

11/5/14

Libertad que esclaviza. Yo elijo la verdadera libertad

Hay heridas enormes en muchos corazones, y sin embargo, sabemos que ninguna es imposible de curar. El amor, la paciencia, la humildad actúan como un desengrasante a la hora de eliminar todo el dolor y las afirmaciones destructivas arraigadas en nuestra mente.

Entonces, ¿por qué algunas personas eligen quedar atrapadas en esa tela de araña de su pasado? Personas que hablan de libertad, que ¡aman! la libertad, eligen en "libertad" el dolor del pasado

Eligen seguir haciéndose daño a sí mismas, pero no tienen en cuenta el daño que puedan causar a los demás. Imagina a alguien herido en un pozo y personas estirando su mano para ayudarle. Comienzan a alzarlo, pero en mitad del trayecto, esa persona decide que no quiere continuar, que es más fuerte el apego que siente por el pozo que lo que le espera afuera: la libertad en mayúsculas.

Tendríamos que diferenciar entonces entre libertad de elección, que es libre albedrío y libertad de cadenas, de las experiencias del pasado, libertad para seguir los deseos del corazón y no de la herida.

¿Por qué entonces llaman libertad a elegir la miseria, el dolor? Y no sólo eso, sino que fabrican una falsa personalidad que se aferra con ansia a esas cadenas y les engaña tergiversando los conceptos, haciéndoles ver que la verdadera libertad son las cadenas, que fuera del pozo, donde está el mundo libre, les espera una horrible celda.

Y en el pozo comienza a llover. Son las lágrimas de esas personas que sostienen al herido engañado por su propia mente. Los brazos se debilitan. Le insisten para que continúe, pero se ata aún más a la mentira. ¿Qué hacer? Algunos toman la decisión de soltarle. O puede que sea él mismo el que se suelte. De nuevo en el fondo del pozo se siente cómodo, pero el corazón de esas personas quedó dañado.

¿Dónde quedó la esperanza? Fue secuestrada por la mentira.

8/5/14

It Will Rain (Bruno Mars)

Esta melodía me trae otra al corazón y lo inunda con su agua salada.

Madrugada a media luz. Cotidiano regreso. Esta vez fui yo la valerosa princesa que se atrevió a caminar por los campos yermos de otro ser. Y en esos campos yermos... la melodía que evoca esta de ahora. Melodía que inspira una pequeña esperanza en medio de la frustración de una malograda vida.

Una vida llena de fracasos, accidentados todos los pasos, alas que mil veces intentaron despegar y no llegaron ni a alzar los pies del suelo, sino que acabaron destrozadas por el fango, deseos no escuchados de un corazón endurecido, inocencia violada.

Tan sólo una estrella en la inmensidad de una noche sin luna.

Yo me aferré a esa esperanza aunque sonaba a locura. Y a pesar de que el camino ha sido difícil, aquí estoy, sintiendo que mi vida y la restauración de mi corazón son un milagro. Y deseo fervientemente que todos los desiertos se conviertan en fértil jardín y que jamás se apague esta melodía, esta estrella alumbrando la noche.

El jardín

Puedo al fin pasear por estas calles sin sensación de ahogo. Pero no fue así hace un tiempo. Años atrás rogué una y otra vez partir de aquella yerma cárcel, y en cuanto se me presentó la oportunidad, no lo dudé. Aún con mis impedimentos, me refugié de estos jardines que antes fueron escombros, creyendo que podría librarme para siempre.

Dijo Tolkien en Los hijos de Húrin:  "El hombre que huye de lo que teme acaba comprobando que sólo ha tomado un atajo para encontrarse con ello". Tan sólo fue un atajo. Separarme de aquel remanso de paz que había construido, quizás con ladrillos de fantasía, fue como desgarrarme el alma. Pero peor fue vivir de nuevo encerrada en mi escombrera. Mucho tiempo tardé en aceptar mi destino. Perdí mi fuerza física, que aunque no era mucha, al menos me servía en mi día a día; perdí el entusiasmo; murieron mis anhelos y envolví mi corazón en una espesa niebla incolora e insípida.

Fue entonces que empecé a necesitar de un valiente caballero que se atreviera a mirar con ojos humildes los calcinados campos que me aprisionaban. Tan sólo quería que alguien caminase por ellos sin indignarse o asustarse. Y no cualquier alguien. Clamé en silencio por mi duende, pero también había huido. Y mucho tiempo después  me fabriqué una copia, pero tenía una falla: había características superficiales similares y sin embargo no contenía su alma, como la joven Rosa de El jardín impío. Tuve que venderme para que acudiera a mi celda. Pero en lugar de traer esto satisfacción, pude contemplar el verdadero estado de putrefacción al que había llegado mi corazón.

Y sólo entonces, cuando las lágrimas disolvieron la niebla de impasibilidad igual que las lágrimas del caballero terminaron por deshacer su armadura, unas manos invisibles comenzaron a arrancar las malas hierbas y a convertir aquella escombrera en un fecundo jardín, proceso en el cual me encuentro inmersa en esta primavera de mi vida.

5/5/14

Salirse del camino

Tenemos ciertas fases en que hacemos un repaso de nuestra vida y vemos por dónde fueron nuestras huellas, observamos cómo nos salimos del camino, los lugares en los que tropezamos.

Hay vidas y vidas. Cuando tenía unos 12 años veía a mis amigas y pensaba que su vida siempre había sido tranquila, seguían en la misma casa en la que nacieron, tenían hábitos y rutinas saludables y su historia estaba llena de recuerdos agradables. Ellas me decían que podría escribir una novela sobre mi vida. Y eso sin conocer los otros 15 años que llevo a las espaldas, los cuales han sido mucho más dramáticos. El drama, eso es lo que ha sobrado en mi vida. Es algo que te cansa emocionalmente, que te deja secuelas. Sólo cuando tienes cierta edad, aprendes a por lo menos tener una actitud templada para no atraer ese tipo de situaciones, y aún así, como está inscrito en el inconsciente, te ves inmersa sin quererlo. Gracias a Dios he sido transformada poco a poco y las consecuencias se han manifestado en una vida tranquila y bastante apacible, con los problemas que surgen en el día a día, pero nada de catástrofes. 

Las catástrofes tienen lugar cuando nos salimos del camino al que estamos originalmente destinados. Por ejemplo, lo que unos padres quieren para sus hijos es que estudien, encuentren un trabajo donde puedan desarrollar sus dones, tengan buenos amigos, formen su propia familia... La adolescencia debe de ser una época muy difícil para ellos, llena de temor porque los hijos no se desvíen. Y sólo cuando ven los logros es que puedan respirar más tranquilos.

Pienso en mis padres hace bastantes años. Soy sincera, me ha dolido mirar atrás y pensar que yo hubiera necesitado más rectitud, un ambiente más apropiado, que quizás pudieron haber hecho más para que no me perdiera, llevarme de las orejas a clase, no permitirme salir hasta ciertas horas de la madrugada, concienciarme más sobre el peligro de ser una muchacha joven... Perdonados están, acepto que en ese momento tenían ciertas limitaciones y no pudieron hacer más. Ellos ya han pagado las consecuencias con el dolor de ver a un hijo perderse. Y yo he recogido los trocitos que quedaron de mí y los he pegado, unas veces con amor y paciencia, otras con la mayor frustración. He llegado a la conclusión de que alguien que no se ha perdonado a sí mismo, no sabe lo que es perdonar. Para perdonar al otro es necesario haberse perdonado a uno mismo.

Soy consciente de que ya todo pasó. Mi vida es un milagro porque he sido rescatada del fango y llevada a un lugar apacible, pero las cicatrices aún están enrojecidas, necesitan más tiempo para curarse del todo. Si las toco, duelen, no tanto como antes. Y no sólo esto. Veo a los jóvenes en los parques, en las calles y me duele ver cómo se pierden igual que yo me perdí. Los que tienen el poder de remediar esta situación son los padres, informándose, cambiando su actitud, aceptando los errores que cometieron en la infancia, pues muchas veces en la adolescencia se ven las consecuencias de éstos. Por eso en mi otro blog siempre insisto en que la tarea más importante del mundo es la de criar a un hijo, aunque nuestra sociedad materialista piense que sólo consiste en alimentarle y vestirle y pase por alto su desarrollo emocional y psicológico.

Mi vida está siendo restaurada, voy conociendo la felicidad y me acerco paso a paso a la libertad. Y si escribo sobre el escozor que me provoca a veces el pasado, es precisamente para darle una salida. Creo que por eso desde tan pequeña quise ser escritora. Y espero que también ese aspecto de mi vida, que es para mí uno de los más importantes, sea devuelto al buen camino y pueda florecer.

3/5/14

Hacia la posada

Venía pensando en eso que me aseguraste ayer: que te has llevado mi negro sentimiento, que me has sacado de la hedionda mazmorra.

Voces en mí dicen que no te crea. ¿Y no es que aún vas harapienta? ¿Acaso no hueles la putrefacción en tu cuerpo? Recuerdo entonces aquello que escribí sobre "el eco" que nos queda durante un tiempo de las creencias inconscientes que hemos eliminado de nosotros. ¿Será que mi corazón revive aún los años de cautividad?

Guardo la esperanza de atravesar con presteza estas millas de incierto sendero, y llegar a una posada en que pueda lavarme y vestir nuevas ropas ya no marcadas por la esclavitud. Si mi vida ha sido sellada y mi nombre inscrito con tinta indeleble en el libro de la libertad... ¿acaso la sentiré alguna vez?

Los árboles que me rodean con sus brazos abiertos, el sol alumbrando mi papel, la suave brisa acariciándome el cabello. Y esta pluma de ágiles y elegantes movimientos. ¿Podré quedarme así para siempre? Mi libertad, mi pluma y yo, sin visitas inoportunas, sin resquemores, sin temor, sin incomodidad.

Yo no quiero odiar, pero tampoco obligarme a amar a toda cosa viviente, no si ello trae consigo unas cadenas para mi anhelante alma. Mira a los conductores. Llevan rígidas sus piernas, encadenadas sus manos, aplastadas sus narices sin aire fresco en ese zulo. No me molesta que estén a mi lado; ellos van a lo suyo, yo recorro senderos mecida por la voz del viento. ¿Es que debo implicarme? ¿Es que debo abrazarles o sonreírles? No quiero amarlos, sólo respetarlos. Semáforo en rojo: ellos pasan y yo espero; semáforo en verde: ellos esperan, yo paso.

¿Acaso estoy pensando erróneamente acerca de lo que es amar? ¿Será que amar al otro no es más que respetarlo?

2/5/14

Como caballos salvajes

¿Para qué ocultarme si sé que mi alma ya está desnuda?

¿Y cuáles son las consecuencias de ocultarme, sino dañarme, vivir en lo aparente? 

Desde niña muestro casi todos mis sentimientos, aunque es cierto que los más íntimos los guardo. Y estos sentimientos -de ira, de rencor, de alegría, de compasión...- me arrebatan cual tornado que juega con mi cuerpo y con mi boca. 

Ayer, aquél que me conoce y me da la "vara" para que vaya por el camino que me lleva al bienestar y la dicha, me recordó que me ha dado espíritu de dominio propio. Pero él no condena por equivocarse, te reprende cual padre amoroso (pero disciplinado, pues repito una vez más, la disciplina es amor), sino que son los demás los que te juzgan, y tu propia mente.

Quisiera olvidarme de los que me condenan, de esos que van de "positivistas" sólo porque han dejado su sombra enterrada en lo más profundo de su alma, porque van de dioses y maestros cuando son tan humanos como yo, y también sus pedos huelen mal. Y por eso el "Lord" me pide que antes de lanzar esas envenenadas flechas que lanzo por esta boquita, le cuente a él mis cosas, le muestre mis sentimientos. Y así no le toca luego a uno arrepentirse y tener que pedir perdón, que tengo suerte de que siempre me acabo rindiendo, como el niño trasto de buen corazón, que la lía cada semana porque no lo puede evitar, pero al darse cuenta del daño que ha causado, su corazón llora.

Toc, toc, toc... alguien llama a mi a veces hueco cerebro: Ya no eres una niña, me dice. Usa el dominio propio que te he regalado. 


Hay una lucha entre los sentimientos y la voluntad. Tu voluntad desea tener empatía con las personas, con todas, comprender la razón oculta por la que hacen las cosas, pero vienen los sentimientos galopando como caballos salvajes que huellan mi voluntad, la dejan atrás.

Sé que debo seguir creciendo, y convertir a mi voluntad en el líder del grupo, en el caballo más fuerte e intrépido, y que mis sentimientos se sujeten a ella.

¿Esto ilegitima el conocimiento adquirido por mi experiencia? ¿Acaso tener asignaturas pendientes invalida las que ya he superado con creces? En absoluto. Y esos "positivistas" que me juzgan, que me intentan llevar a su terreno, que anulan mis palabras cuando salen de la sabiduría... elijo voluntariamente no odiaros, no guardaros ningún tipo de rencor, elijo entender vuestra conducta y aceptaros tal como sois, pues yo también soy un "producto en proceso", pero no voy a matar mis sentimientos, aunque sí aprenderé a sujetarlos a mi voluntad; no los callaré ni les impediré galopar, sino que les proporcionaré un extenso valle en el que puedan moverse a sus anchas sin perjudicar a nadie, porque es humano tener sentimientos y porque conozco en mis carnes las consecuencias de censurarlos.