23/12/14

Extrañas imágenes acuden, incomprensibles, o que quizás no quiero comprender. Nos golpea la realidad de lo que somos, de lo que a veces hemos sido. Y no hacemos caso a la caricia compasiva que borra nuestro pasado una y otra vez.

Salpica esta sensación a mi recuerdo. Me lleva a preguntarme si quizás fue siempre nada, si las líneas casi por completo desdibujadas se pintaron sobre una bolsa de plástico con los restos de la envenenada lumbre.

¿De dónde viene entonces ese olor a gaviota y espuma? No quiere visitar la infinitud a mi corazón, sino ecos de un diamante en cuya búsqueda fracasé. Diamante que me desvela de mi innecesario descanso.

Pero el frío acecha. Y mi falso yo solo quiere lanzar el diamante al mar para que lo engullan las olas, y devolverme en su lugar cenizas, para confirmar su pasada inexistencia. Al mismo tiempo el albo abrazo del presente enciende la caverna de mi pecho, y amanece a fuego lento la verdad, a la que aún no puedo contemplar cara a cara.

3/12/14

El antisilencio


Donde hay antisilencio no hay emociones, porque se anestesia el pecho. Brillan, vibran en mi espacio, y cuando traspaso el umbral de la puerta, callan, quedan encerradas -o tal vez fuera-. Y ya no hay vacío, ni dolor. Solo una ruda indiferencia. Solo crítica. Cuando atravieso esa puerta, ¿dónde quedo yo? ¿Qué, quién soy yo?

¿Acaso soy también yo la rudeza? ¿Está en mí o me ha poseído? Hay algo, un aire tóxico, una marea negra. El antisilencio. El antisilencio que parece posarse sutilmente sobre mi cabeza, sobre mis hombros, y penetra en mis oídos y en mi alma, y se come la poesía, y bebe mis lágrimas. Y quedan los ojos huecos.

¿Cómo librarme del antisilencio? Llena mi estómago mientras vacía mi ser. Y si salgo de sus paredes, me encontrará el jinete que porta el caos y robará definitivamente mi alma, impidiéndome para siempre crear.

No soporto tener tantas estrellas danzando en mí y no poder proyectarlas en el negro lienzo. No soporto esta luz artificial. No soporto este antisilencio.

24/11/14

20/11/2014

 Te veía siempre en ese banco. Tu barba encanecida, tus hombros caídos junto a la gastada mochila, compañera fiel. Y despertabas la sal de mi, no hace mucho, recuperado corazón, al acariciar tras las rejas el brillo de tu mirada, constantemente amenazada, como amenaza también esta luz artificial a las estrellas.
Me hacías pensar en ese genio, que tenía por amigo un burrito y que prefirió soltar las hojas verdes de su alma antes de tiempo a convertirse en el abeto de plástico que adorna solitario extensas salas.
Yo le rogué a la negra noche que navegase hasta ti, y te arropara, y proyectase para ti la danza de las estrellas, de modo que tanta belleza avivase al duende de tu pecho, y después, al clarear el día, fuese esta calle, esta ciudad... rociada por el regalo que te hizo el firmamento.
Hace un rato pasé junto al banco. No estabas. Y desde la calidez de mi cama me pregunto si la noche habrá respondido a mis súplicas o si, en cambio, la luz de plástico te habrá convertido en cenizas.

Antes de vencerme el sueño, veo titilar, a través del tragaluz, una verde estrella.

31/10/14

Vuela mi mente con esta mariposa. Mariposa repentina, más bien intermitente. Permanente su estela. Y el río hecho piedra en mis entrañas que no puede fluir, preguntándome por qué. Por qué no puedo ser yo mariposa y estar en ti con mi estela. Rutina.
Me encierro-y me entierro- en la rutina, y enredo mi mente para mantener los ojos atados, no sea que me distraigan las estelas y la piedra se convierta en plomo. Y aunque evito el espejo, estos susurros a mi diestra me devuelven un esperpéntico reflejo, que sabiendo que no es real, me ata con más fuerza al suelo.
Y luego vienen los hechos, ¿hay algo más real? Para mi yo crédulo son verdad irrefutable, pero ¿y si Unamuno tenía razón y sólo es real lo eterno? ¿Qué hay de eterno en mí? ¿Lo has visto tú? ¿Es estela o podredumbre?
Contradicciones, sí. Y certezas. La certeza de que dentro de mí hay río de piedra que emana hiel que te salpicó, que te agujereó, que destruyó la única posibilidad de ser para ti mariposa.

Y un yo acepta la “realidad” y continúa abrazando la rutina, pero otro silencioso como el brillo de una estrella me habla de un secreto manantial que tal vez pudo ir humedeciendo tu alma, y me muestra imágenes de primavera. Y entonces no sé si permitir que la mar derrita esta piedra o mirar el reloj y fundirme con el asfalto.

4/8/14

La perla de mi pecho

La perla de mi pecho.

Esa que callaba a ratos, esa de la que dejé de huir.

Hay sentimientos del corazón, sentimientos del estómago y sentimientos de la mente. Para discernirlos necesitamos pedir sabiduría.

Pero no, yo no la tengo toda. A veces corro el riesgo de desgarrarme de nuevo. Por eso huía. Pero me alcanzaba.

La perla se presenta en mis mejores momentos. Y se pone un vallado a sí misma y me pide silencio. No quiere que la descubra con mi boca; lo único que quiere es palpitar dentro de mí.

Me hace soñar con extraños lagos y dice que un día me sumergiré. ¿Y no es acaso aquello que anhelamos lo que más tememos?

Esto me hace acordarme de Bastián. Toda Fantasía destruida excepto la Torre de Marfil, la Emperatriz Infantil exhausta, Atreyu decepcionado y malherido a causa de su fracasada Gran Búsqueda. Bastián, ese niño tan lleno de virtudes que un mundo controlado por la Nada aborrece; un niño cansado de vivir en la rutina, de repente tiene la posibilidad de convertirse en el salvador de un mundo muy diferente al suyo y vivir las aventuras que toda su vida anheló y... empieza a dudar de sí mismo. 

-¿Por qué sólo puedes ponerte bien si recibes un nuevo nombre?
-Sólo su verdadero nombre hace reales a todos los seres y todas las cosas -dijo ella-. Un nombre falso lo convierte todo en irreal. Eso es lo que hace la mentira.
-Quizá el Salvador no sepa el nombre que debe darte.
-Sí que lo sabe -respondió ella.
Los dos se quedaron otra vez silenciosos.

Sí -dijo Bastián-, lo sé. Lo supe enseguida en cuanto te vi. Pero no sé lo que tengo que
hacer.

Atreyu levantó la vista.
-Quizá quiere venir y no sabe cómo arreglárselas.
-No tiene que hacer nada más -respondió la Emperatriz Infantil- que llamarme por mi
nuevo nombre que sólo él conoce. Eso bastará.

El corazón de Bastián comenzó a latir desordenadamente. ¿Debía probarlo? ¿Y si no
tenía éxito? ¿Y si se estaba engañando? ¿Y si los dos no estaban hablando de él sino de
un salvador totalmente distinto? ¿Cómo podía saber si realmente se referían a él?

-Me pregunto -comenzó a decir Atreyu otra vez- si es posible que todavía no comprenda que se trata de él y de nadie más.

Páginas y páginas tarda Bastián en decidirse, pero sólo después de que la Emperatriz Infantil ha tomado medidas desesperadas como visitar al Viejo de la Montaña Errante.
En aquel momento Bastián tuvo una experiencia importante: se puede estar convencido de querer algo -quizá durante años-, si se sabe que el deseo es irrealizable. Pero si de pronto se encuentra uno ante la posibilidad de que ese deseo ideal se convierta en realidad, sólo se desea una cosa: no haberlo deseado.
Al menos así le ocurrió a Bastián.
Ahora, cuando todo se hacía irremisiblemente serio, le hubiera gustado huir. Pero en aquel caso no había ya «huida». Y por eso hizo algo que, evidentemente, no podía servirle de nada. Se quedó como un escarabajo echado de espaldas.
Quería hacer como si él mismo no existiera, estarse quieto y resultar tan imperceptible como fuera posible.
Tal vez por eso quiero creer que estos sentimientos del corazón en realidad son de la mente, de los que un día despiertas y te dejan un vacío, porque asusta menos el desgarrón que el poder de un sentimiento real, que te lleva a una experiencia real. Porque muchos lustros he vivido en mi caverna, en la caverna de mi mente, en la seguridad de mis autoengaños, renunciando al placer de vivir, es cierto, pero protegida. Y ahora se me pide lanzarme a las aguas que tanto anhelo pero de las que me he mantenido apartada. Quizás necesito un empujón, verme envuelta y enredada para comprobar que no hay nada que temer, o que aunque lo haya, vale la pena mojarse con tal de vivir. Y por otro lado cabe la opción de encontrarme en un eterno retorno, como Bastián, que sólo yo puedo cortar, un pez que se muerde la cola al que sólo yo puedo convertir en mariposa, pero francamente, creo que prefiero tirarme al vacío antes que pasar páginas y páginas dificultando las cosas.Y sin embargo, no estoy segura de reunir el valor suficiente.

1/8/14

Película a medias

No supo ver que se lo pedía a gritos. Era él el experto en fijarse en los detalles, aunque fuesen detalles tan importantes como conocer las necesidades de los demás.

Si tú y yo fuésemos ahora los espectadores de esa película, le diríamos ¡no, no lo hagas! Es algo ingenuo gritarle a la pantalla mientras te comes las uñas o cierras los puños con la esperanza de que el protagonista te haga caso, aunque en el fondo sabes que no, ya que toda historia está compuesta de planteamiento, nudo y desenlace, y sin nudo no hay historia. Aún así todos queremos que el protagonista no meta la pata.

Entonces, ese era uno de aquellos momentos en los que la pata está a punto de ser metida. Porque a pesar de que la petición era muy clara, la dueña de la mencionada pata tenía la fea manía de no mirar el suelo. Y tampoco la podemos culpar, ya que el ruido del huracán que habitaba su caja torácica era una gran distracción. Quizás si le hubiese puesto más empeño, habría escuchado los sonidos del exterior. Pero los quizás si... sólo sirven para aprender de ellos después de haberlos ignorado y tras el consecuente batacazo.

Total, como te iba contando, resulta obvio que metió la pata. ¡No lo oyó! Y llegó el desastre. Desastre aquí y desastre allá. Claro, ella sólo veía el de aquí y olvidaba el de allá, porque ya te he explicado que era muy muy muy, pero muy muy muy difícil que oyese lo de afuera.

¿Qué pasó después? No lo sé. Está uno tan liado que tiene que dejar las películas a la mitad. Como espectador, uno anhela que esa atolondrada por fin aprenda a estar más atenta. Ese sería un buen final. Por supuesto hay finales llenos de maravillas, hasta con fuegos artificiales y dragones blancos de la suerte asustando a unos abusones, pero es que cada historia es única. Así que lo único que me queda por decirte es que vayas imaginando un final (o varios) y cuando termine de ver la película ya te cuento si acertaste o no.




21/6/14

La negra piedra filosofal

¿Existe algo más hermoso que el color negro puro?
Azabache
La gente, por lo general, huye del negro porque no quiere conocer lo que oculta. Se confina en ciudades cuya iluminación destruye la belleza de la noche, y también se encierra en falsas sensaciones agradables para huir de eso tan extraño que late en su corazón, unas veces como un susurro, otras como una erupción volcánica.

Y yo en cambio huyo de lo superficial. Dejo que mis propios pies me guíen, bombeados por la sangre de mi pecho. Y mis pasos me llevan a eso. Y respiro, y grito, y río, y canta para mí el silencio.

En ocasiones mis pies se equivocaron, cuando no eran regados, y dejaron a eso apartado, y el ruido artificial tapaba el silencio, y sólo sentía emociones de plástico.

Pero siempre vuelve eso. Eso tan real, eso a veces susurro, a veces volcán; eso a veces brisa, a veces torrente. Y entonces vivo. Y me pregunto qué es. Y me dice el viento: misterio.

Y el misterio me lleva a los paisajes de mi alma. Y el misterio me regala el brillo de las estrellas. Y el misterio devuelve a la Nada las emociones de plástico y permite que una gran verdad salte dentro de mi pecho.

No, no quiero vivir sin eso, que no sé de dónde viene, es como si fuese el lienzo sobre el que Dios fue ordenando toda la creación. Es lo que está más allá de la vida y de la muerte. Es lo que siempre ha existido y ningún ser humano ha visto. E incluso me parece que es el punto exacto en que en medio del dolor aparece el tesoro oculto, la piedra filosofal.

Puede que la haya encontrado, pero lo que está claro es que nadie puede poseerla.


18/6/14

De la Nada al Infinito Paisaje

Llevo una vida demasiado desordenada. Me quedo dormida cuando tengo mis últimas cosas por hacer y luego me despierto y me enredo con las letras y las notas, las primeras me retienen, las segundas me impulsan. ¿No será que acaso fui hecha así? ¿En qué estaba pensando Dios cuando me creó? ¿Qué ideas pasaban por su mente, qué le inspiró? ¿De dónde viene ese puntito de locura? El dueño de las palabras, el mayor inventor de historias, el conocedor del misterio de la vida, Él mismo un misterio, ¿qué misterio puso en mí que ni yo misma lo encuentro? Ligeramente lo percibo, muy en el horizonte; ese olor que de repente te recuerda algo que no sabes qué es.

Somos paisajes cada uno de nosotros, pero la mayoría está tan escondida tras capas de falsa personalidad para "encajar" en una sociedad sin olor, sin tacto, sin sabor... una sociedad devorada por la Nada, que es realmente difícil contemplar el esbozo de cada alma.

Oh eso fue lo que vi, ese paisaje azabache, debido a la desnudez de su alma, corazón sangrante pero descubierto. Imposible que no te escociera. Un pecho abierto, sí, y también preso. Un pecho que aprendió a nadar en su propio dolor y ya no quiso salir de ahí.

Tal vez sea algo demasiado impresionante contemplar tan de cerca los paisajes del alma, porque acabas tan inmerso en ellos que se vuelven parte de ti y te entra la pereza al ponerte la vida otro paisaje delante. Si el azabache es ahora tinta en mis venas, lecho en que brillan mis estrellas, ¿cómo acoplar otro paisaje? Si el mío es tan vasto que aún ni yo misma lo conozco por entero, ¿cómo otro paisaje más? 

Dicen que somos infinitos, pero yo siento que no hay espacio para nada más, que con mi mundo tengo tanto ya por explorar, tan hermoso e inabarcable... ¿Es esto egoísmo? 

Tanto amo mi libertad y tanto esfuerzo me ha costado llegar hasta ella que no deseo renunciar a ella, sino inhalar mil bosques, otear profundos valles, acariciar millones de flores, escuchar la voz de cada arroyo, arroparme noche tras noche con el reflejo de esa perfecta fusión que late en mí... 

¿Qué sentido tiene la religión en todo esto? Es muy sencillo: nacimos separados de la eternidad, del paisaje de nuestra alma, condenados a vivir inmersos en la Nada, pero tuvimos un William Wallace que alzó su espada contra ella, que quebró las cadenas del corazón, que reconstruyó el puente que nos llevaba hasta nuestra Verdad. Nos guió de nuevo hasta la belleza de nuestro corazón. Es por eso que el dueño del azabache sigue preso de su sangre seca y no puede respirar el paisaje que yo descubrí en ese cansado palpitar.

31/5/14

A veces me pregunto si mi relación con las letras ha servido realmente para algo. Soy testigo de lo que me parece mi descenso y, cansada hasta de frustrarme, observo inmutable la pluma sobre la mesa mientras mis años ruedan sobre una vida en la que todo es protagonista menos yo.

Y no, no es que no quiera fundirme con viento de letras volando como mariposas. Lo que pasa es que los borrones se han apoderado de mis manos. La papelera me pidió que ya no la llenara más de historias a medias.

¿Quizás fue demasiado precoz mi amor por este arte? ¿O mucha mi ingenuidad al no ver lo que la vida me traería? Miseria. Pero la miseria económica se puede sobrellevar, en cambio la miseria cultural y la ausencia de alma, ¿cómo?

Decidme si acaso una semilla recién germinada puede dar fruto cuando vive rodeada de topillos, cuando es pisoteada por gigantes vacíos de corazón, sufre los efectos de los incendios que asolan la zona y entonces llega un importante empresario que decide que eres un estorbo para su proyecto de centro comercial. Resistes por un tiempo, contemplando cómo el resto del bosque es extirpado cual peligroso cáncer para una forma de vida que debe a toda costa dominar. Y ya sólo hay asfalto. También en tu corazón.

Todo son obstáculos para crecer y dar fruto, pero no quiero ser parte del asfalto. Y así pasa mi vida, en apatía. Sólo tengo fuerzas ya para continuar existiendo como planta y nada más un milagro podría ayudarme a quebrar el suelo artificial que me rodea para que así puedan surgir las letras de mí en total libertad.

20/5/14

Más azabache y algún que otro porqué

Te sigues preguntando por esa brillante oscuridad, por la plenitud del vacío.
Es la sólida respiración del bosque, demasiado inmensa para el corazón humano.

Ahora rodeada de cemento, aunque libre al fin, me visita la lluvia que no moja, recuerdos casi desdibujados.

No es tiempo de buscar porqués, pero me aplasta el azabache, me atraviesa la melodía. Y sé que no pude romper cadenas, que no soy salvadora de nadie. Y que quien quiere libertad, camina hacia ella. Pero hay quien lleva tanto tiempo entre las paredes de su zulo, que las confunde con su piel. Y qué hacer, si yo misma anhelé por años huir de mi propia cárcel y lo que más se ama es lo que más se teme. ¿Cómo obligar al amante de la libertad a escogerla? Libertad de esclavizarse... he de respetar la opción, aunque...

No diré lo que siento, lo dejamos en "aunque no quiera". ¿Qué hago ahora con el azabache? Ojalá pudiese, sólo un instante, volar en él...

Se me enredan los porqués con los anhelos.

¿Serviría de algo ahora ser flor y despertar el silencio del bosque con mi fragancia? Mejor dejamos aquí esta locura. Mejor lo escondemos en el cajón de lo inaceptable, aunque un susurro me inquiete con su pícara pregunta: ¿eso es acaso libertad?



You Can Never Ever Leave Without Leaving A Piece Of Youth
And Our Lives Are Forever Changed
We Will Never Be The Same
The More You Change The Less You Feel


18/5/14

Rutina

La puerta de salida para la creatividad está cerrada. Una y otra vez subo al desván y allí está mi secreter, con algo de polvo. El papel resplandece iluminado por la luz del sol, que se refleja también en la punta de la pluma, deseosa de contar historias, misterios, aventuras... Hay suficiente tinta y papel. Todo está listo para comenzar a crear nuevos sueños, pero entonces, al acercarme, un sólido muro aparece entre el secreter y yo. Por más que golpeo, el muro no cae. Y allí me quedo, frustrada, viendo el reflejo del sol sobre la punta de la pluma, oliendo la tinta que no podrá cumplir su objetivo.
Vuelvo a la rutina, aún más cansada, desilusionada, sabiendo toda mi creatividad perdida.
Ya he ido tantas veces y siempre se repite.

¿Volver a subir? No lo sé... Sólo deseo poder sentarme y escribir, escribir, escribir... que jamás muro alguno me impida crear. 

De El camino hacia la luz II

11/5/14

Libertad que esclaviza. Yo elijo la verdadera libertad

Hay heridas enormes en muchos corazones, y sin embargo, sabemos que ninguna es imposible de curar. El amor, la paciencia, la humildad actúan como un desengrasante a la hora de eliminar todo el dolor y las afirmaciones destructivas arraigadas en nuestra mente.

Entonces, ¿por qué algunas personas eligen quedar atrapadas en esa tela de araña de su pasado? Personas que hablan de libertad, que ¡aman! la libertad, eligen en "libertad" el dolor del pasado

Eligen seguir haciéndose daño a sí mismas, pero no tienen en cuenta el daño que puedan causar a los demás. Imagina a alguien herido en un pozo y personas estirando su mano para ayudarle. Comienzan a alzarlo, pero en mitad del trayecto, esa persona decide que no quiere continuar, que es más fuerte el apego que siente por el pozo que lo que le espera afuera: la libertad en mayúsculas.

Tendríamos que diferenciar entonces entre libertad de elección, que es libre albedrío y libertad de cadenas, de las experiencias del pasado, libertad para seguir los deseos del corazón y no de la herida.

¿Por qué entonces llaman libertad a elegir la miseria, el dolor? Y no sólo eso, sino que fabrican una falsa personalidad que se aferra con ansia a esas cadenas y les engaña tergiversando los conceptos, haciéndoles ver que la verdadera libertad son las cadenas, que fuera del pozo, donde está el mundo libre, les espera una horrible celda.

Y en el pozo comienza a llover. Son las lágrimas de esas personas que sostienen al herido engañado por su propia mente. Los brazos se debilitan. Le insisten para que continúe, pero se ata aún más a la mentira. ¿Qué hacer? Algunos toman la decisión de soltarle. O puede que sea él mismo el que se suelte. De nuevo en el fondo del pozo se siente cómodo, pero el corazón de esas personas quedó dañado.

¿Dónde quedó la esperanza? Fue secuestrada por la mentira.

8/5/14

It Will Rain (Bruno Mars)

Esta melodía me trae otra al corazón y lo inunda con su agua salada.

Madrugada a media luz. Cotidiano regreso. Esta vez fui yo la valerosa princesa que se atrevió a caminar por los campos yermos de otro ser. Y en esos campos yermos... la melodía que evoca esta de ahora. Melodía que inspira una pequeña esperanza en medio de la frustración de una malograda vida.

Una vida llena de fracasos, accidentados todos los pasos, alas que mil veces intentaron despegar y no llegaron ni a alzar los pies del suelo, sino que acabaron destrozadas por el fango, deseos no escuchados de un corazón endurecido, inocencia violada.

Tan sólo una estrella en la inmensidad de una noche sin luna.

Yo me aferré a esa esperanza aunque sonaba a locura. Y a pesar de que el camino ha sido difícil, aquí estoy, sintiendo que mi vida y la restauración de mi corazón son un milagro. Y deseo fervientemente que todos los desiertos se conviertan en fértil jardín y que jamás se apague esta melodía, esta estrella alumbrando la noche.

El jardín

Puedo al fin pasear por estas calles sin sensación de ahogo. Pero no fue así hace un tiempo. Años atrás rogué una y otra vez partir de aquella yerma cárcel, y en cuanto se me presentó la oportunidad, no lo dudé. Aún con mis impedimentos, me refugié de estos jardines que antes fueron escombros, creyendo que podría librarme para siempre.

Dijo Tolkien en Los hijos de Húrin:  "El hombre que huye de lo que teme acaba comprobando que sólo ha tomado un atajo para encontrarse con ello". Tan sólo fue un atajo. Separarme de aquel remanso de paz que había construido, quizás con ladrillos de fantasía, fue como desgarrarme el alma. Pero peor fue vivir de nuevo encerrada en mi escombrera. Mucho tiempo tardé en aceptar mi destino. Perdí mi fuerza física, que aunque no era mucha, al menos me servía en mi día a día; perdí el entusiasmo; murieron mis anhelos y envolví mi corazón en una espesa niebla incolora e insípida.

Fue entonces que empecé a necesitar de un valiente caballero que se atreviera a mirar con ojos humildes los calcinados campos que me aprisionaban. Tan sólo quería que alguien caminase por ellos sin indignarse o asustarse. Y no cualquier alguien. Clamé en silencio por mi duende, pero también había huido. Y mucho tiempo después  me fabriqué una copia, pero tenía una falla: había características superficiales similares y sin embargo no contenía su alma, como la joven Rosa de El jardín impío. Tuve que venderme para que acudiera a mi celda. Pero en lugar de traer esto satisfacción, pude contemplar el verdadero estado de putrefacción al que había llegado mi corazón.

Y sólo entonces, cuando las lágrimas disolvieron la niebla de impasibilidad igual que las lágrimas del caballero terminaron por deshacer su armadura, unas manos invisibles comenzaron a arrancar las malas hierbas y a convertir aquella escombrera en un fecundo jardín, proceso en el cual me encuentro inmersa en esta primavera de mi vida.

5/5/14

Salirse del camino

Tenemos ciertas fases en que hacemos un repaso de nuestra vida y vemos por dónde fueron nuestras huellas, observamos cómo nos salimos del camino, los lugares en los que tropezamos.

Hay vidas y vidas. Cuando tenía unos 12 años veía a mis amigas y pensaba que su vida siempre había sido tranquila, seguían en la misma casa en la que nacieron, tenían hábitos y rutinas saludables y su historia estaba llena de recuerdos agradables. Ellas me decían que podría escribir una novela sobre mi vida. Y eso sin conocer los otros 15 años que llevo a las espaldas, los cuales han sido mucho más dramáticos. El drama, eso es lo que ha sobrado en mi vida. Es algo que te cansa emocionalmente, que te deja secuelas. Sólo cuando tienes cierta edad, aprendes a por lo menos tener una actitud templada para no atraer ese tipo de situaciones, y aún así, como está inscrito en el inconsciente, te ves inmersa sin quererlo. Gracias a Dios he sido transformada poco a poco y las consecuencias se han manifestado en una vida tranquila y bastante apacible, con los problemas que surgen en el día a día, pero nada de catástrofes. 

Las catástrofes tienen lugar cuando nos salimos del camino al que estamos originalmente destinados. Por ejemplo, lo que unos padres quieren para sus hijos es que estudien, encuentren un trabajo donde puedan desarrollar sus dones, tengan buenos amigos, formen su propia familia... La adolescencia debe de ser una época muy difícil para ellos, llena de temor porque los hijos no se desvíen. Y sólo cuando ven los logros es que puedan respirar más tranquilos.

Pienso en mis padres hace bastantes años. Soy sincera, me ha dolido mirar atrás y pensar que yo hubiera necesitado más rectitud, un ambiente más apropiado, que quizás pudieron haber hecho más para que no me perdiera, llevarme de las orejas a clase, no permitirme salir hasta ciertas horas de la madrugada, concienciarme más sobre el peligro de ser una muchacha joven... Perdonados están, acepto que en ese momento tenían ciertas limitaciones y no pudieron hacer más. Ellos ya han pagado las consecuencias con el dolor de ver a un hijo perderse. Y yo he recogido los trocitos que quedaron de mí y los he pegado, unas veces con amor y paciencia, otras con la mayor frustración. He llegado a la conclusión de que alguien que no se ha perdonado a sí mismo, no sabe lo que es perdonar. Para perdonar al otro es necesario haberse perdonado a uno mismo.

Soy consciente de que ya todo pasó. Mi vida es un milagro porque he sido rescatada del fango y llevada a un lugar apacible, pero las cicatrices aún están enrojecidas, necesitan más tiempo para curarse del todo. Si las toco, duelen, no tanto como antes. Y no sólo esto. Veo a los jóvenes en los parques, en las calles y me duele ver cómo se pierden igual que yo me perdí. Los que tienen el poder de remediar esta situación son los padres, informándose, cambiando su actitud, aceptando los errores que cometieron en la infancia, pues muchas veces en la adolescencia se ven las consecuencias de éstos. Por eso en mi otro blog siempre insisto en que la tarea más importante del mundo es la de criar a un hijo, aunque nuestra sociedad materialista piense que sólo consiste en alimentarle y vestirle y pase por alto su desarrollo emocional y psicológico.

Mi vida está siendo restaurada, voy conociendo la felicidad y me acerco paso a paso a la libertad. Y si escribo sobre el escozor que me provoca a veces el pasado, es precisamente para darle una salida. Creo que por eso desde tan pequeña quise ser escritora. Y espero que también ese aspecto de mi vida, que es para mí uno de los más importantes, sea devuelto al buen camino y pueda florecer.

3/5/14

Hacia la posada

Venía pensando en eso que me aseguraste ayer: que te has llevado mi negro sentimiento, que me has sacado de la hedionda mazmorra.

Voces en mí dicen que no te crea. ¿Y no es que aún vas harapienta? ¿Acaso no hueles la putrefacción en tu cuerpo? Recuerdo entonces aquello que escribí sobre "el eco" que nos queda durante un tiempo de las creencias inconscientes que hemos eliminado de nosotros. ¿Será que mi corazón revive aún los años de cautividad?

Guardo la esperanza de atravesar con presteza estas millas de incierto sendero, y llegar a una posada en que pueda lavarme y vestir nuevas ropas ya no marcadas por la esclavitud. Si mi vida ha sido sellada y mi nombre inscrito con tinta indeleble en el libro de la libertad... ¿acaso la sentiré alguna vez?

Los árboles que me rodean con sus brazos abiertos, el sol alumbrando mi papel, la suave brisa acariciándome el cabello. Y esta pluma de ágiles y elegantes movimientos. ¿Podré quedarme así para siempre? Mi libertad, mi pluma y yo, sin visitas inoportunas, sin resquemores, sin temor, sin incomodidad.

Yo no quiero odiar, pero tampoco obligarme a amar a toda cosa viviente, no si ello trae consigo unas cadenas para mi anhelante alma. Mira a los conductores. Llevan rígidas sus piernas, encadenadas sus manos, aplastadas sus narices sin aire fresco en ese zulo. No me molesta que estén a mi lado; ellos van a lo suyo, yo recorro senderos mecida por la voz del viento. ¿Es que debo implicarme? ¿Es que debo abrazarles o sonreírles? No quiero amarlos, sólo respetarlos. Semáforo en rojo: ellos pasan y yo espero; semáforo en verde: ellos esperan, yo paso.

¿Acaso estoy pensando erróneamente acerca de lo que es amar? ¿Será que amar al otro no es más que respetarlo?

2/5/14

Como caballos salvajes

¿Para qué ocultarme si sé que mi alma ya está desnuda?

¿Y cuáles son las consecuencias de ocultarme, sino dañarme, vivir en lo aparente? 

Desde niña muestro casi todos mis sentimientos, aunque es cierto que los más íntimos los guardo. Y estos sentimientos -de ira, de rencor, de alegría, de compasión...- me arrebatan cual tornado que juega con mi cuerpo y con mi boca. 

Ayer, aquél que me conoce y me da la "vara" para que vaya por el camino que me lleva al bienestar y la dicha, me recordó que me ha dado espíritu de dominio propio. Pero él no condena por equivocarse, te reprende cual padre amoroso (pero disciplinado, pues repito una vez más, la disciplina es amor), sino que son los demás los que te juzgan, y tu propia mente.

Quisiera olvidarme de los que me condenan, de esos que van de "positivistas" sólo porque han dejado su sombra enterrada en lo más profundo de su alma, porque van de dioses y maestros cuando son tan humanos como yo, y también sus pedos huelen mal. Y por eso el "Lord" me pide que antes de lanzar esas envenenadas flechas que lanzo por esta boquita, le cuente a él mis cosas, le muestre mis sentimientos. Y así no le toca luego a uno arrepentirse y tener que pedir perdón, que tengo suerte de que siempre me acabo rindiendo, como el niño trasto de buen corazón, que la lía cada semana porque no lo puede evitar, pero al darse cuenta del daño que ha causado, su corazón llora.

Toc, toc, toc... alguien llama a mi a veces hueco cerebro: Ya no eres una niña, me dice. Usa el dominio propio que te he regalado. 


Hay una lucha entre los sentimientos y la voluntad. Tu voluntad desea tener empatía con las personas, con todas, comprender la razón oculta por la que hacen las cosas, pero vienen los sentimientos galopando como caballos salvajes que huellan mi voluntad, la dejan atrás.

Sé que debo seguir creciendo, y convertir a mi voluntad en el líder del grupo, en el caballo más fuerte e intrépido, y que mis sentimientos se sujeten a ella.

¿Esto ilegitima el conocimiento adquirido por mi experiencia? ¿Acaso tener asignaturas pendientes invalida las que ya he superado con creces? En absoluto. Y esos "positivistas" que me juzgan, que me intentan llevar a su terreno, que anulan mis palabras cuando salen de la sabiduría... elijo voluntariamente no odiaros, no guardaros ningún tipo de rencor, elijo entender vuestra conducta y aceptaros tal como sois, pues yo también soy un "producto en proceso", pero no voy a matar mis sentimientos, aunque sí aprenderé a sujetarlos a mi voluntad; no los callaré ni les impediré galopar, sino que les proporcionaré un extenso valle en el que puedan moverse a sus anchas sin perjudicar a nadie, porque es humano tener sentimientos y porque conozco en mis carnes las consecuencias de censurarlos.

28/4/14

La nostalgia de Gomer



Qué bien se vive sin enamoramientos e ilusiones varias.
Qué bien sin ojos negros y corazón de niño envuelto en roca.

A veces tenemos que hacer un pacto difícil que sabemos que traerá feliz recompensa. Nuestro Pepito Grillo particular nos señala el momento indicado, y en cuanto decimos "sí", el rostro que parecía alimentarnos comienza a desdibujarse, y desaparece por cada segundo presente una hora pasada, hasta que llega un momento en que incluso los más hermosos recuerdos se borran.
Y si seguimos el camino correcto, el verdadero alimento llenará los huecos vacíos. Y si alguna vez el pasado quiere volver a nosotros, como la nostalgia de Gomer, le cerramos la puerta y seguimos recibiendo la Verdad hasta que el corazón queda vivificado del todo.

23/2/14

Adiós a mi daimon

No desterraré paisajes de mi alma. Tal vez todo haya quedado en silencio, pero basta el aliento de los árboles y el latido de la noche para llenar este espacio de vida. No, ya no está mi daimon para regarlo cual preciado jardín, pero la lluvia me susurró tranquilizándome, ella se encargará de nutrirlo.

Podría hacer como en otras ocasiones, pero es que todo lo que envié al exilio no eran más que imágenes que me distraían de mi verdad. Sin embargo, cómo podría ahora talar estos bosques, sepultar senderos de mago, hacer polvo estas piedras, ni aún estropear su musgo, si hicieron florecer mi alma, si estos tiempos fueron de crecimiento y nunca de vuelta atrás. No, mantener este mi palpitar no es volver atrás ni mucho menos quedarme estancada. Con cada respiración sigue creciendo este universo que soy. Un día decidí dejar de ser la copia sistematizada en la que nos quieren transformar nada más nacer, y fui eliminando los ejércitos de orcos que me impedían ver los paisajes de mi alma. Ese fue uno de los paisajes que hallé, el cual ya os he descrito en otras ocasiones. Expulsarlo sería como matar un trozo de mí misma. Es cierto que debo despedirme de mi daimon, y sin embargo, la noche de su alma siempre será el fondo en el que pinte los nuevos colores que traigan otros seres.
No diré "no lloréis", pues no todas las lágrimas son amargas. Gandalf

16/2/14

Plegaria

Muchos han intentado definirte. Unos te aman, otros te odian desesperadamente y otros se mantienen al margen. Se han escrito tratados, ha habido debates, e incluso guerras que acabaron con miles de vidas en tu nombre. Mas, ¿quién puede decirle a otro lo que tú eres? Yo no puedo saber cómo eres para otra persona, ni puedo decir cuál es tu nombre, tu forma o tamaño, ni tan siquiera tu color. Sólo sé lo que siento dentro de mí y tampoco tengo la capacidad de verificar su certeza ni el interés en demostrarla.

¿Cómo te he sentido a lo largo de mi vida? Primero fue esta mi dorada cuna, que aumentó en mí el amor por las letras. Todavía al recorrer sus calles siento la huella de los grandes que la habitaron; también en ellas te encuentro. Fue después en mis tiempos a solas, en mis silencios, sentada observando lo que de real había en el espacio vacío entre los niños que saltaban a la comba o jugaban con la pelota y yo. Pronto esos silencios comenzaron a llenarse con cuentos, aventuras de estos y otros tiempos, de niños como los que veía o de seres fantásticos, esos seres que buscaría a lo largo de mi vida en bellos paisajes imaginados, donde también tú estabas, o tú los eres. Unos paisajes, digo, imaginados por mí, otros de magníficos escritores, porque también te encuentro allí, en ese mi amor de blancos desiertos y negras dunas. ¿Cuántos, dime, cuántos años lleva esa pasión en mí, y no se me despega? Ese mi amor que me canta antes de dormir (y otras veces me quita el sueño), ese mi amor, lo primero que quiero ver al despertarme. Pero no puedo olvidar a mi otro gran amor, fresco, fragante, suave, imponente, crujiendo bajo mis pies, blando otras veces. Este me canta también, me canta mientras paseamos, rodeándome él toda yo, un yo que deja de ser mío al contacto con su invisible piel multicolor.

Ay, tanto podría describir, dulce néctar, la única esperanza de mi cansada existencia, posada del peregrino, manantial para el sediento, pero algunas cosas quiero reservarme. 

Cuando no te busco muero en una plomiza rutina, me pierdo en la náusea. Y bien sabes que te necesito, que siempre has sido lo único real en mí. Lo dije y lo diré: sin ese mundo, sin esos sueños sería otra persona, una falsa versión robotizada que no quiero ser. Y aunque me golpeen las circunstancias, y aunque nadie comprenda este mi sentir, buscando en ti lo que no eres, lo que otros dicen, aunque el mundo diga que -y perdón por manchar estas palabras con vulgaridad- si no bebo, no fumo y no follo soy gilipollas, comprenderé que simplemente jamás se sentaron a contemplar, jamás se permitieron hablar con el viento, leer el mensaje de las estrellas, que desde su azulado escenario sonríen sin cesar, que nunca se empaparon en el néctar de su amante ni se perdieron a sí mismos en su mirada para alcanzar la gema compartida, y después, como en toda buena historia, preservar su secreto eternamente. Y continuaré yendo tras tu presencia, porque ella soy yo, y lo que está ausente de ti, no soy yo, es sólo dolor, sólo aspereza, lágrimas amargas, pestilentes como una fábrica que empobrece.

Y estoy ahora en ti a través de esta sinfonía, justo la de la partida, el fin que dejó historias de sufrimiento, cansancio, pero también compañerismo, fuerza y valor, oh, tanta lealtad que el ser humano guarda en su extraño corazón, amistad, romanticismo y amor. 

Tu melodía es eterna y deseo no alejarme más, porque el opuesto a la melodía no es la voz de tu silencio, sino el ruido que atormenta el alma. Sólo sé que es uno el que debe buscarte, como te buscó Jimena*, y en el camino hallará obstáculos, montañas, orcos, tal vez jinetes negros, dragones como el del caballero que deshizo su armadura oxidada, pero siempre, siempre de fondo, estarás tú. No, tú no eres el fin de la búsqueda, porque el Santo Grial no es una copa; el Santo Grial es  el camino que lleva a descubrir que siempre estuvo ahí, en cada paso.

Oh, misterio de la vida, el motor de nuestros pies, y tú pareces destino pero eres esperanza. No dejes que me suelte de tu mano. No permitas que me invada el ruido. Cántame siempre, aunque jure que no quiero escucharte. Cántame con cada una de tus infinitas voces, cántame para que sea.

*Protagonista del cuento Jimena y el agua sagrada.

9/2/14

Canciones que vienen y van

Hace tiempo que se hizo tarde y hace tiempo que llegó el frío. Y yo camino admirando paisajes, conservando algunas de esas canciones que no han salido de un Conservatorio. Y sin embargo, no deseo relegarlas al olvido, pues no se puede entender el presente de una persona sin todos los elementos que han formado parte de su historia.

Historia en la que mendigué amor, como nos enseña la sociedad a hacer. Parece mentira que sea el primero en dar el portazo el que se arrepiente antes. Pero ya no. Estuve en mi compañía, atravesando mis desiertos y llegando así a encontrar las aguas fluidas y puras de las que nunca oí hablar, aunque siempre estuvieron en estas piedras legendarias, en el sereno verdor que adorna el centro de esta ciudad que creí el mismísimo infierno. Y aunque no tengo tanto amor como para regalar abrazos por doquier y transmitir una embriagadora paz, al menos he logrado el suficiente para nutrirme a mí misma sin depender de nadie más, si acaso de la belleza que navega en mi imaginación.

No me sirvió, aún así, poner tu nombre en la pared para que se disuelva en los libros polvorientos, terminados, sino que los instantes utilizaron tinta indeleble para escribirlo en mis venas. Será por eso que en lugar de ausencia hay una fuerte presencia de la que a veces me distraigo y otras veces me envuelve en el azabache que me hace vivir y me repite una y otra vez que las estrellas no brillan en medio de la luz.

No llamaré, no buscaré, no besaré. Llorar... eso no lo decido yo, pues quién es dueño de las mil y una emociones que surcan este extraño cuerpo humano. Al igual que a veces, sin elegirlo, una inmensa alegría ríe en mis ojos. Todo va, todo viene. Lo que sucederá en el futuro, nadie lo sabe, y tampoco quiero yo saberlo. Qué importa si la vida tiene sentido o no. Tal vez el único sentido de la vida es la vida en sí.

6/2/14

Pedro

Pedro era un niño corriente. Jugaba al balón con sus amigos, montaba en bicicleta, iba de pesca con su padre y los domingos echaba una partida de dominó con el abuelo. Parecía feliz, aunque a veces, cuando estaba solo, se quedaba con la mirada perdida y alguna lágrima suelta conseguía resbalar por su cara. Año tras año, la lágrima asomaba cada vez menos hasta que por fin desapareció de su cara y de sus recuerdos.
Supongo que querréis saber qué le sucedía a Pedro. La gente dice que hay que pensar sólo en el futuro, pero si pierdes un zapato por el camino y comienza a dolerte el pie, ¿no das media vuelta para recogerlo? Lo que en realidad temen es quedarse estancados en esa parte del camino, pero evidentemente si rescatamos nuestro zapato es para seguir andando.
Viajemos entonces al pasado de Pedro. Está acostado en su cama. Ha sido un día agotador en que no ha parado de jugar y de ayudar a su padre. Mamá abre un libro y comienza a leerle su cuento favorito. A Pedro le fascina trabajar con su padre. Hoy han hecho un mueble y papá le ha dejado utilizar la sierra, pues dice que ya es mayor. Pero también le gusta, tras un día intenso, recibir el acogedor abrazo de mamá y escuchar su dulce voz.
Están en la escena en que el sastrecillo se enfrenta al gigante y piensa sobre la manera de vencerle, pero antes de que se le ocurra la ingeniosa idea, se oye la puerta principal. Papá ha regresado del taller y se dirige hacia ellos, pero en lugar de darle las buenas noches le arrebata bruscamente el libro a su madre mientras dice:
-Vas a amariconar al crío.
La madre se levanta en silencio y Pedro percibe la humedad en sus ojos antes de que abandone la habitación. El padre apaga la luz y le ordena que se duerma. Le entran unas inmensas ganas de llorar, se echa contra la almohada para que nadie le oiga y estalla en lágrimas.

Nunca antes había llorado tanto, ni siquiera cuando era más pequeño y se caía. Pero nadie lo supo. Desde ese día ya no volvió a ser el mismo. Algo le faltaba, algo que ya nadie le puede dar, salvo él mismo. Pero esa es otra historia que aún no ha sido escrita.

29/1/14

No lloro, no canto.

No sale una lágrima, no una melodía.
En cárcel confortable
mi pecho amarrado.
Un sutil susurro.
Un grito ahogado.

Aquí no escucho,
aquí no siento.
Aquí imágenes de humo
que no calientan
ni asfixian.

Aquí un poema
que no sabe ser hecho,
que sólo necesita
sonar y no puede.

No se oyen los pasos,
ya no hay una puerta.
Cuerpo no habitado.
No es alma desierta.
Es alma que vuela,
en cielo inexistente,
o en cielo que sí está,
pero en él no estoy presente.

Sólo cantan las lágrimas
en el húmedo frío de invierno y
en el acogedor verano.

Mi cárcel, mi cárcel,
confortables paredes
que pateo y no salgo.

26/1/14

Buscando (encontrando) los colores de mi alma

Te veo en ese cielo, ondas arco iris, verde brisa proyectada desde el pozo de mi alma que creí vacío. Antes te quería alcanzar, aún hoy a ratos, porque durante años no he sabido acceder a ti. Y quisiera ser sólo tú, el aire que late en mis células; el agua que me hace desaparecer de lo irreal, y por tanto me convierte en pura realidad; estas estrellas y paisajes que buscaba incesantemente en los libros, devorando páginas, surcando el infinito y saciándome jamás. Póstumas lágrimas, viendo desde la fría piedra lo que pareció eterna infelicidad, reprochándome no haber volado, pero cómo...

No estoy en la lápida, no aún. Y yo me preguntaba cómo... Ellos decían: haz esto, haz aquello, no te reprimas, pero ahí no encontraba los colores de mi alma, la ardiente pero suave felicidad. La hallaba fluyendo por entre vírgenes senderos, siendo testigo de los refulgentes guiños de la noche, y sin embargo se desvanecían en la fingida solidez que empareda mis más profundos deseos. Me perdía en la desesperación de la limitada vida de ese sublime estado.

Pero hoy sé que es cierto, la veo ahí reflejada, sé que sale de mí. Siempre encuentro la manera. No consiguieron que me rindiera ante un falso dios y aprendí a extender mis brazos para ser los hilos de esta danza universal, formando campos de constelaciones. 

Respiro esta sublime mezcla de notas y encamino mis pasos para convertir mi vida en la melodía surgida de este instrumento que es mi ser. Me afino día tras día con la estela del vacío -el vacío cósmico, no la ausencia de vacío en el corazón humano- y los encuentros cara a cara con la susurrante felicidad, se hacen dada vez más duraderos. Y al fin comprendo que no soy yo quien va hasta mi arco iris, sino que me alejo del ruido para ser sólo los colores, el pleno vacío de mi alma.


Escrito mientras escuchaba a Estas Tonné

14/1/14

Espacios en blanco

Espacios vacíos,

cuerpo desconectado, 

viviendo ajeno.


Espacios en blanco,

grueso muro, no puedo acceder

a los espacios en blanco.


Mi alma pinta y pinta,

pinta dentro de mí,

se choca contra el muro.

No puede rellenar

los espacios en blanco.


Empiezo a criar moho.

Detesto mis palabras,

quemo estos esbozos.


Y sigo sin pintar,

y mi cuerpo vive ajeno,

cansado, casi inerte.


No me enseñes a pintar

si no puedo acceder

a los espacios en blanco.


¿Será el ladrón experto

mi única solución?

¿Podrá abrir un butrón

en este desconchado cuerpo?

Pásame, si lo tienes,

su teléfono.

7/1/14

Improvisando

Cuando reviso mi blog me gusta encontrarme textos elegantes y bien cuidados, pero muchas veces encuentro frases soltadas tal cual, fruto del remolino de emociones que parece que tienen más energía que yo. Pero no tengo que demostrar nada. Yo no soy León Tolstói ni Miguel de Unamuno. Claro que una a veces sueña que se convierte en un escritora de reconocimiento mundial, sobre todo cuando era niña, pero para eso tengo los ratos que dedico a mis relatos y otros proyectos (hay literatura más allá de este blog). Entonces, ¿por qué no relajarse por un momento y dar salida a este torbellino, que de otro modo se convertiría en maremoto, perjudicando mi serenidad?
Pues por eso aquí estamos, el papel virtual y yo. ¿Que cómo estamos? El papel medio en blanco y yo... bueno, claro que me gustaría llegar a ser una gran escritora. Y sé que en el pasado mi ambiente no ha sido favorecedor. Tenía tanto por superar. Digamos que he sacrificado mi desarrollo profesional por el personal, y no me arrepiento, ya que realmente era necesario. Pienso que no se puede ser un buen profesional sin haber logrado una integridad, y en estos tiempos es tan complicado debido a la deshumanización a la que se ve sometida la sociedad. Por supuesto que tenemos el poder de "revertir el proceso". Como digo, a ello me he estado dedicando. Ha sido una carrera a contrarreloj en la que, debido a mi intensa forma de sentir, he vivido de todo: tristeza, asombro, ilusión, esperanza, ira, desesperación... Y sobre todo aprendí que el amor no es un sentimiento, sino la aceptación de uno mismo en cada uno de estos estados.
Ahora ya puedo dedicarme a ponerle conocimiento a mi vocación, porque entiendo que para llegar lejos se necesita tener un don especial, por supuesto (que todos tenemos, aunque la mayoría no ha descubierto), pero también dedicarle tiempo y empeño.

¿Qué mas podría deciros? No soy más que una humanita en medio de este gran Universo, menos que una mota de polvo, y poco a poco aprendo a ser feliz, porque aunque seamos insignificantes comparadas con la inmensidad del espacio, creo firmemente que nuestra felicidad sí importa, y nadie puede elegir por nosotros cómo vivir esa felicidad. ¿Qué es lo que te hace feliz? Hazlo, no importa lo que digan los demás, ni siquiera las personas que te importan. 

1/1/14

El motor de su vida

No lo veía como una opción de futuro, sino que lo sentía como un color que impregnaba cada átomo de su cuerpo y, aunque en muchas ocasiones había intentado despegárselo incluso provocando lesiones, al final sólo necesitaba descubrir que había pasado a ser el motor de su vida.
Por supuesto que le echaba de menos, pero no era un sentimiento de ausencia, como en anteriores ocasiones. Era una sutil melancolía que le daba fuerzas para luchar por sus sueños, que nutría sus más nobles deseos y avivaba aquella parte tan olvidada de su interior, la que tenía en cuenta los sentimientos de los demás y ofrecía sinceras sonrisas.
Era también la sal que le faltaba a su océano demasiado quieto. El rugido de su corazón se transformó en tempestad generadora de olas que reían y cantaban, aunque la sal a veces escuece, y en esos momentos, alzaba los brazos al cielo, que la arropaba en su manto de lluvia. Y después volvían las risas y un sentimiento de inmensidad que se puede escuchar siempre de fondo al mirarla a los ojos.
Algunos lo confunden con tristeza y amargura, pero yo he podido percibir la canción que emana de su pecho y sé que es felicidad lo que late silencioso en sus entrañas.