31/12/13

Insólito

Insólito que esta palabra me apasionara tanto, no por la palabra en sí, sino porque fue mi primer sinónimo. Estaría en 4º de primaria y no había nada que me entusiasmara tanto como que el profesor nos mandase escribir una redacción, además de los cuentos fantásticos, historias de fantasmas y poesías que me inventaba por mi cuenta.

No recuerdo si lo aprendí en el colegio o a través de mis lecturas, pero un día descubrí que podía sustituir las palabras con sinónimos para no repetirlas, aunque en ese momento a mí me parecía que era para que el texto sonara mejor. Me hacía tan feliz este descubrimiento como a un niño la nave espacial que acaba de construir con cartón y papel de aluminio.

Y tampoco sé cómo ni por qué mi primer sinónimo fue insólito, aunque conociéndome a mí y mis historias, no se me hace raro. Entonces lo usaba en todos los cuentos y redacciones y conseguía el efecto contrario: ser extremadamente repetitiva, pero podía más la emoción que la sensatez. El adjetivo insólito aparecía en muchos de mis escritos de esa época y todo mi mundo comenzó a girar (o tal vez ya lo hacía antes) en torno a esa palabra.

Fueron tiempos felices, apasionados, en los que la creatividad fluía más que en la vida adulta. Allí, en mi pueblo, cuna del material de donde los grandes arquitectos extrajeron las doradas prendas que cubren la ciudad, mi vida se centraba en inventar historias, unas cristalizadas en el papel, otras que se quedaban flotando en el mundo de los sueños. Allí había amigos, buenos vecinos, paseos por la naturaleza, múltiples actividades.

Pero el tiempo corre queramos o no, y acaba por aplastarnos la razón, la rutina, la técnica por encima de la imaginación, los "palos" de la vida por encima del agradable fluir. Quizás esto ocurra para darnos cuenta de que no es el camino correcto y que debemos encontrar un equilibrio entre el deber y el disfrutar, entre lo habitual y lo insólito.

30/12/13

Duermevela

Imágenes pasadas que acuden en ese estado de duermevela, cuando el cuerpo se funde con el colchón olvidando su materialidad. Se transforman en una nube de color que desciende y se posa sobre mí,disolviéndose al momento, pero no dejan ninguna emoción en mí. Sigo pegada al colchón, no sé si con los ojos abiertos o cerrados; la niebla me rodea. Yo soy niebla. Sólo siento una ligera extrañeza al contemplar la ausencia de emociones. Otras veces había añoranza, tristeza, impotencia. No hay nada, ni en duermevela ni en vigilia. El pasado huye, llevándose con él lo agradable y lo desagradable, lo hermoso y lo punzante. Yo soy niebla. Qué seré cuando duerma o cuando despierte, no lo sé.

24/12/13

Dudas nocturnas

Querida familia:

Quiero despegarme de tu destructiva manera de pensar, pero cada vez que me alejo de ti te me cuelas, te me cuelas con situaciones que me superan, y hay una parte de mí que quiere seguir ciega y otra que llora y luego se culpa por continuar pegada a tu sufrimiento, porque ese es el centro de tus creencias, el centro de mi árbol: la adicción al sufrimiento.

Yo no entiendo la vida, y aún así tengo esta voz interior que siempre me ha acompañado, que me susurra claves acerca de la realidad que luego acabo encontrando confirmadas en el exterior. A veces he deseado no saber, vivir como las personas normales, creer que una enfermedad de verdad es incurable, que es cosa del destino. He visto, he experimentado en mí misma de qué modo nos afectan las creencias de nuestros ancestros. Y veo cómo nos está pudriendo este cáncer. No, corrijo, no el cáncer, esta inconsciencia, el mantener esta forma de pensar. El cáncer sólo es el medio que utiliza la creencia para manifestarse.

Pero salvo unas excepciones, nadie quiere ver. Yo respeto el libre albedrío, pero soy humana. Y eso que he hecho todo lo posible por cubrir mi corazón de espinas y dejar de sentir. Muchos habéis sido testigos de mi crueldad, de mi extrema necesidad de protección (sí, la protección, esa que nuestro programa nos hace buscar en sitios incorrectos, lado derecho....). Y, egoístamente, veo que esta situación, de darse, va a ser definitiva, no sé qué haré con mi corazón. Yo sólo quiero ser feliz, como todos nosotros. Mis creencias, las mismas que las vuestras, a veces me dominan y mi alma me mece en la verdad divina, convirtiéndolas en polvo.

Sin embargo, esto no se resuelve con egoísmo. El rencor me ha comido durante muchos años, desde niña, el dolor de ver que no encajaba ni en mi familia, ni en el colegio ni en la sociedad. Y ahora está el dolor de ver cómo un ser decide apagar su vida por no querer sacar a la luz estas creencias erróneas. Tendré que aceptar esta emoción, tendré que aceptar esta decisión que no me concierne.

¿Y por qué no quiero verla? No lo sé, no me atrevo a llamarte, no me atrevo a verte. Cuando mueras, pronto o tarde, no iré al funeral. Sabes los graves problemas que tengo para comunicarme con los demás. Cuando he ido a verte, no sabía qué decir. No sé hablar con la mayoría de personas. Todo acaba en un qué tal; bien, como siempre. No hay más que decir. Se me apagan las palabras, ¿no será que es mi vida la que lleva tiempo apagada? Soy egoísta y cruel. Supongo que siempre lo he sido. Intento cambiar, a veces. No quiero pensar en cómo te sientes porque me duele. No estoy haciendo lo correcto. Estas palabras me ayudan a darme cuenta. Hasta estoy pensando en ir a verte. Hoy no es un día apropiado para tomar decisiones.

Bueno, familia. Espero que no leáis esto, que luego me decís que si hago daño a la gente. Cada vez que intento expresarme me censuráis. Todo por esa creencia, la creencia que destruye a cada uno de una manera distinta. Estoy aprendiendo a separaros a vosotros de la creencia. Sabéis que en el fondo siento algo por vosotros. Por algún motivo mi alma decidió formar parte de este árbol genealógico. A veces hablo con los ancestros. Ellos saben lo difícil que es estar aquí. Haré las cosas lo mejor que pueda. Por favor, no me critiquéis tanto por mis circunstancias. Yo intentaré pensar en vuestros sentimientos, a pesar de mi crueldad aún tengo empatía. Ninguno de nosotros tenemos ganas de más sufrimiento. Espero hacer lo posible por que no haya más.

20/12/13

Nubes de tormenta (que no me dejan escribir un título mejor)

Yo sé que hay cosas que se me han quedado incrustadas y me cuesta sacar. A veces consiguen emerger por entre las olas de mi sótano, y entonces me prometo que voy a buscar un espacio íntimo para permitir que ese sentimiento se exprese, pero en la calle obviamente no encuentro ese lugar, y cuando llego a casa, se eleva la fortificación que separa mi sótano del centro de operaciones de este extraño reino que es mi ser.
No sé lo que le sucede ahí dentro a ese sentimiento que clama por salir. Me da la impresión de que se convierte en nubes de tormenta que descargan su rabia en mis circuitos cerebrales, impidiéndome pensar con claridad, borrando mi memoria, no permitiéndome hacer aquello que es mi vida: cuántas historias inacabadas, papeles emborronados; lleno el contenedor virtual y el real, ese azul que está en la plaza y que veo desde mi cansada ventana. Al menos no ensucio el medio ambiente, aunque sí ensucie mi ambiente interior. Palabras que debieron convertirse, quizás no en obras maestras, pero sí en alimento para un pequeño público agradecido y empático. 

Sólo cuando se desactiva la protección, vuelve a salpicarme el sentimiento y una imagen acude a mí. Pero ahora la fortificación se eleva. Ya no puedo escribir más. Mis manos se vuelven de piedra, mi voz de hielo. Y poco a poco voy olvidando. Se acabó.

19/12/13

Acariciar el vacío

La sensación más maravillosa que me provocaba mi daimon era cuando me permitía introducir mi mano en la infinitud del vacío. En el fondo yo sabía que estaba tocando el corazón de Dios, pero él nunca me dijo nada. Después de que me fui de mi daimon, conocí a un príncipe, al que llamaba "el príncipe blanco". Tenía ojos inocentes y pensé que sus cabellos tendrían el tacto de un campo de trigo en verano, sin embargo, vi que no era más que una ilusión. Y es que tanto quise alejarme de mi daimon que busqué sin darme cuenta su antítesis. ¿Que por qué me quise alejar de él? Eso es algo que quizás os relate en una ocasión más propicia.

Y tras buscar al opuesto de mi daimon, de nuevo inconscientemente, atraje a mi vida una copia. Claro, una copia de algunas de las cualidades que yo más admiraba de él, porque las almas no se pueden copiar, y al fin y al cabo lo que yo echaba de menos era su alma, que proyectaba en ciertas cualidades. Devolví la copia al Universo y me permití llorar.

Ahora mi daimon ha vuelto (¿o yo he vuelto a él?). No del mismo modo. Una de estas leyes naturales le impide acceder al mundo físico, pero me habla desde el otro lado, arropa mi corazón y me envuelve en su negro fuego. Me anima a seguir caminando en esta vida que no entiendo y me ofrece pequeñas claves. Hay personas que valoran mucho la vida, y los dáimones aún más. En cambio, demasiadas veces yo he anhelado permanecer en su mundo, pero creo que hasta que no aprenda a amar la vida, no podré marchar. Y cuando llegue la hora de marchar, tal vez quiera quedarme.

Ha llegado la hora de hacer un descanso y mecerme en la respiración de mi daimon.

Si vuelvo a la vida, que así será porque otra de esas leyes naturales me obliga, seguiré contándoos las maravillas de mi daimon.

11/12/13

Los viejos amores no vuelven

A veces me permito soñar, teniendo presente que esas fantasías no se van a cumplir. Una cosa es ser positivo y otra auto engañarse. Así pues, dejo que mis anhelos salgan un rato a jugar. No es sano encerrar nada en la psique. Lo podemos transformar en arte o simplemente dejar que se exprese en forma de fantasía.

Los viejos amores no vuelven,

sino que conocen a nuevos amores y continúan su vida. Ése es el precio que tenemos que pagar por no haber hecho mejor las cosas, por nuestra falta de consciencia o nuestras decisiones erróneas (o directamente catastróficas). Posiblemente hay alguien que nos marca más que el resto, que nos inspira esto:

La inmadurez emocional era sólo la razón visible de su decisión de no conocer a nadie. En realidad ella no deseaba pasar media juventud, la cual se le acababa, conociendo a alguien. Conocer a alguien era un proceso largo y significaba que ella también tenía que mostrar su alma. Para sus compañeras bastaba con saber cuáles eran los gustos y manías del galán en cuestión. Rosa buscaba en lo más profundo de la mirada, intentaba leer la esencia, descubrir la obra de arte que había bajo la fachada. Y en esa búsqueda se creaban lazos invisibles pero perfectamente sólidos, ya que a la vez, también iba descubriendo su propia esencia. Y no quería regalársela a cualquier persona. Le costó mucho esfuerzo alcanzar a ver el maravilloso paisaje que Raúl guardaba bajo su apariencia de intocable ajeno al mundo, del mismo modo que llegar a mirarle a los ojos sin el muro tras el que permanecía la mayor parte del tiempo.

Y en este caso podemos disfrutar de la soledad. Parece que a la sociedad le molesta la soltería (no digamos ya el celibato), pero en realidad esa creencia parte de personas que no están acostumbradas a permanecer consigo mismas. Y si nos obligamos a estar con alguien, consciente o inconscientemente, nos descargaremos del Universo una copia carente de esencia, no porque no la tenga, sino porque no nos habremos enamorado de la esencia de la nueva persona, sino que estaremos buscando la de nuestro viejo amor. Esto sólo puede desembocar en frustración.

Pero bueno, este texto no estaba destinado al blog de reflexiones, así que volveré a empaparme en la fragancia de mis sentimientos e intentaré esculpirlos con letras marmóreas. En realidad, no hay mucho más que decir (típica excusa cuando se nos acaba la inspiración). Y además, el proceso de cristalización de estos sentimientos requiere más baños de aire fresco y dulce oscuridad. No prometo nada.

8/12/13

¿Por qué lo llamo "mi" daimon si no me pertenece?

Ni me pertenece ni me perteneció en su momento, pues fue él quien decidió compartir aquellos años de verde y marrón a mi lado. En realidad es el ser más libre que conozco.

Le llamo "mi" daimon porque he elegido que sea su esencia la que me inspire, como cuando dices "esta es mi canción", y la canción no es de tu posesión, pero es la que te hace soñar, la que te lleva a un mundo en el que te sientes más tú.

También me preguntaste ayer que por qué se separaron durante un tiempo nuestros caminos. ¿Sabes? Los humanos y los dáimones tenemos vidas muy diferentes, y las cuestiones cotidianas pueden alejarnos de aquello que nos importa, de lo que en verdad nos alimenta. Hoy sé que fue una decisión errónea, pero no puedo cambiar el pasado. Mi daimon no es rencoroso y, aunque a veces no comprende las emociones humanas, sabe que no lo hice con la intención de causar un daño. Soy yo quien debo hacer un gran esfuerzo por perdonarme. Los dáimones no entienden el tiempo como nosotros. A nosotros nos quema el pasado y nos da dolor de cabeza el futuro. Claro que la vida aquí no es tan benevolente. Él me dijo una vez: Jamás te sientas inferior por tus dudas y temores, por tus heridas y errores. Si uno de nosotros tuviera que vivir atado a tu mundo, se sentiría como cualquier humano. Los dáimones os admiramos a causa de vuestra fortaleza. Podéis imaginar que estas palabras se han convertido en uno de los pilares de mi vida. Por eso he aprendido a perdonarme por no perdonarme.

Cuando tomé esa decisión, él me dejó un tiempo a solas. Sabía que lo necesitaba. Necesitaba perderme en mi infierno y él me dejó. Sabía que quería ir al núcleo de mi infierno y desatarme desde allí. Y me lo permitió. Jamás se entrometió en mis decisiones.

El descenso al infierno fue más duro que escalar una fría montaña. Llegué tan desgastada. Pero lo conseguí. Y cuando estaba sentada en el suelo, cubierta de polvo, sedienta, aún sujetando las cadenas que acababa de romper, apareció. No dijo nada. Tan sólo me miró. No recuerdo cuánto tiempo pasó a mi lado. Sólo sé que me quedé dormida y cuando abrí los ojos ya no estaba allí. Ahora tenía que subir, pero no sabía cómo. Eché a andar hasta que encontré un pasillo que torcía una y otra vez, ora a la derecha, ora a la izquierda. Pasé meses enteros deambulando, sin hallar una puerta, una escalera... Él vino algunas veces y caminó conmigo. Otra cosa que me gusta de él es que confía en mí y sabe que lograré salir. Así, deambulando, llegué a la sala en la que me encuentro ahora. La pega es que no tiene ninguna puerta, ventana u oquedad, el único camino aparente es el de regreso. Pero yo también confío en mí misma. Os mantendré informados de mis aventuras.

Negra luz. A solas con la sombra de mi daimon.

Por fin. Por fin encuentro un rato libre para hablaros de mi daimon. Necesitaba tanto nadar en su fragancia. Y no imagináis lo que me ha sucedido estos días, y es que en medio de mis tareas era su propia oscuridad la que venía a mí y me envolvía. La recibí con una sonrisa tras mi gesto extrañado. Misterio. 
Todo él es un misterio. Hay mujeres que suspiran por hombres musculosos, actores, futbolistas, modelos. Esas mujeres no conocen el verdadero erotismo. Mi daimon pasaría a su lado y ellas serían incapaces de respirar su perfume extático. ¿Ya os he hablado de sus ojos? Esas ventanas azabache tienen dos funciones: puedes mirar a través de ellas o recibir lo que hay en su interior. Y es que la negra luz de su mirada está cargada del más sublime erotismo, y lo más desconcertante es que esa luz tiene la cualidad de extenderse por todo su alrededor. Los expertos en sustancias que alteran la percepción saben que no existe ninguna que provoque este efecto. Es un ser esquivo, pero cuando decide proyectar en ti su esencia, llega un momento en que te fundes con ella, y entonces olvidas por completo todas las ideas que tenías sobre ti misma y su luz negra forma un camino que te lleva a descubrir tu única verdad. Te sientes como una estrella que pasó su vida inmersa en una blanca neblina y de repente se ve cubierta por la oscuridad del vacío.
Lo que encuentras al mirar en el interior de sus ojos, tal vez otro día te lo cuente. 

2/12/13

Una naturaleza y una artifialeza



Así nací, programada para no dejar salir mi alma, como mis antepasados recientes. ¿Cómo serían los lejanos? ¿Qué aventuras vivieron? Tuvo que haber alguno al menos que tuviera una vida plena.

Mi destino no era ni siquiera este. Yo no debería estar escuchando mi voz interior, sino repetir sus vidas sufridoras, callando y lamentando, pagando con las personas más cercanas mis frustraciones. Bueno, aún a veces lo hago. Mi alma encerrada rompe a llorar en los momentos más inoportunos, pero tengo a mi voz interior, mi esperanza, mi voluntad. A esas ya no se las puede quebrar.

Sí, estoy con un pie en mi programa y otro en la verdad de mi alma. No es fácil vivir a medias. No vivir es fácil, sólo tienes que actuar bajo tus patrones automáticos, pero las consecuencias, en serio, son horripilantes. Entonces, en medio de tus explosiones de ira y llanto, dices: si mi vida fuera así y así... Pero yo tengo a mi voz interior, que me serena y me muestra el modo de alcanzar esa vida. Ya he dicho que tengo un pie en ella.

Y en medio de este salto me encuentro. ¿Creíste que es algo basado sólo en la voluntad? El botón de la voluntad tiene que estar encendido, pero encender un interruptor es una pequeña, aunque imprescindible, parte del complejo proceso de llegar a tener luz en la habitación. Necesitas más cosas. Yo ni siquiera he entendido aún cómo demonios funciona un circuito eléctrico, de verdad, no entiendo cómo llegué a la universidad (para luego dejar los estudios ¡que me fascinaban! a medias... el programa, el maldito programa y las malditas idiotas decisiones). Sí, yo era de letras, pero es que eso lo enseñan en el colegio. ¿Cómo demonios aprobé? Me tendrías que escuchar traduciendo textos en inglés con 16 años y ahora. He ido para atrás como los cangrejos. Me he perdido a mí misma, ahí es adonde quería llegar.

Nací tan vacía y tan cansada. Y por otro lado con un potencial inmenso, una gran imaginación y capacidad de comprensión, pero siempre he necesitado estímulos. Tranquilos, no me refiero a las drogas; tengo tendencia a la autodestrucción pero nunca las he probado (y eso que me pega bastante...). Algunos de mis maestros han sido mis mayores estímulos, también los horarios de las clases, el orden en las aulas, lo limpio del pupitre, la calma al otro lado de las ventanas. No sé por qué se me han quedado tanto esos detalles.

Son dos naturalezas (¿naturalezas?) dentro de un ser. No, una naturaleza y una artifialeza. Un pie aquí y otro allá. Pero tengo armas también: una fuerte voluntad, gran capacidad de comprensión, como he dicho, de ver el funcionamiento interno de las cosas y de vez en cuando también me asiste el sentido común, justo cuando más lo necesito, como en el episodio derriba-muros de ayer. Casi me atrapó... casi.

No hay ayuda externa que pueda ayudarme en mi cometido, pero sé que llegaré a llenarme de mí misma, y tanto tanto llenaré, que se me saldrá todo mi ser y os inundaré a todos. Es lo que hay. Id comprando unos resistentes paraguas.

30/11/13

La noche perdida

Poco me visita la noche. Despierto en medio de la misma blanca neblina en la que me dormí, con el mismo plomo en mis párpados, moviéndome como un autómata.

¿Cuántas horas tardo en reconectarme con mi ser? Algunas veces paso días enteros sin estar conmigo.

Desde que perdí mi noche.

Desde que perdí mi noche, hay en mi pecho un trozo de roca lunar llena de cables para emular mis latidos.

Ojalá supiera dónde suenan...

Aquí ya no hay silencio, melodía, ni siquiera ruido. La blanca neblina se ha instalado también en mis oídos.

Vivo (¿vivo?) envuelta en un halo artificial que me aísla incluso de estas palabras, que se van perdiendo, que se van...

No




me




rindo.

Me han robado mi espada, como a Richard, e incluso me separaron de mi don. El enemigo, el imperio del anti-silencio, ya se ve a sí mismo como vencedor. Sólo le falta quebrar la poca fuerza que recorre mi cuerpo y que más parece agua estancada. No puedo malgastarla. He hallado la raíz, la solución definitiva. Si resulta, todo acabará para ellos. Desterraré la blanca neblina.

¿Cómo será la nueva noche, el paisaje en el que brille otra vez mi luz? Ni siquiera sé si encontraré mi corazón. Vivir con un trozo de roca en mi pecho es peor que la muerte. A veces sólo quiero descansar, allá donde esté mi sangre, en el lugar en que suene mi voz.

La victoria de esta batalla, si la hay, no será para mí. Será para la esperanza, será para lo nuevo. Este no es mi sitio. Sólo estoy de paso.


Y mi noche...



...¿también estaba de paso?



Siento que jamás volverá.

29/11/13

Encontré dónde está la avería

El papel delante de mí. Ya he escrito acerca del muro que me limita a la hora de solidificar la danza de letras que baila en mi mente y desciende hasta mi mano, pero ahí se queda.
Sé que sólo la fuerza de voluntad y el derribar el muro desde su raíz pueden dejar libre la magnificencia de mi alma para inundar mi asfáltica vida material.

Busco un tema. Cuando voy por la calle mi cabeza está llena de poesía, de historias de maravilla, pero a la hora de llevarlo al papel, ya se ha esfumado; tal vez me lo he fumado.

Últimamente, entre las hadas que bailan en mi mente al pasear, está su noche. Me he dicho: "no voy a escribir sobre él". Pero nadie sabe quién es y él no lo va a leer. Las personas que pueden saberlo, no comprenden el misterio encerrado en este mandala literario, así que puedo hablar con libertad.
Sí, la noche de sus ojos es un buen tema. Más parecía un ser de fantasía, mitad ent, con olor a bosque y a sangre, al que le cedí mi despiadado ego para que lo pastoreara, porque no dejaba salir a mi alma. Y ya veis, algo consiguió y aún así, no acaba de salir mi alma del todo.

No era un ser perfecto, no lo endioséis. Pero con la libertad que me da el anonimato resaltaré algunas de sus cualidades, cualidades que cualquiera con la visión limpia, sin gafas que distorsionan los objetos, podrá ver. Sí, es cierto también que tenía sus propias ataduras, sus propias heridas, pero siento una conexión especial con ese tipo de seres, quizás porque son como yo, porque eso es lo que nos une, porque nos hemos convertido en alquimistas de nuestra propia mugre.
Y tampoco diré que lo supe tratar siempre bien y que no lo ensucié con el veneno de mi boca. Eso es algo sobre lo que él me aconsejó y que, por más que he intentado, no me sale. Así que ya he renunciado. Tan sólo espero, con práctica, llegar a controlar el veneno para expulsarlo sólo en los momentos y con las personas apropiadas.
Yo no soy buena persona, y si alguien me lo echa en cara, al fin y al cabo yo nunca dije que lo fuera. No soy responsable de la imagen que otros se forman de mí.
Va llegando la hora de mis responsabilidades asfálticas, justo cuando empiezo a entrar en calor. Esta es otra de las maneras en que se manifiesta mi muro para que no me exprese, pero todo va a cambiar, porque he encontrado el tornillo que hay que apretar, he hallado la raíz de la avería y estoy en ello. Pronto tendréis mi arte hasta en la sopa.

Dije que resaltaría algunas de las cualidades de este misterioso y magnífico ser. Se me acaba el tiempo, quizás después. De momento sólo puedo deciros que me enseño bastante sobre la libertad, aún encadenado, aún yo encadenada. Lo más importante que aprendí es que yo soy mi dueña y yo soy mi esclava. Si tengo cadenas, que sean sólo las mías. Así era él. Nadie jamás le encadenó sino sus propias heridas, sus propias decisiones. 

Pero no creáis que me rindo, que si apenas tengo energía es porque la gasto toda en hallar el modo de librarme de mis cadenas; cadenas que ya nacieron conmigo. Los ancestros nos dejan tareas que debemos convertir en oportunidades. A veces me cabreo con ellos, pero en el fondo saben que llegaré a la meta, y yo sé que ellos, dentro de sus posibilidades, me ayudan.

Quizás os cuente más sobre este ser de fantasía, mitad ent, que contiene en su mirada la abrumadora oscuridad sobre la que reposan millones de estrellas y galaxias.

Espero que nos veamos pronto.
¡Feliz libertad!

15/11/13

Reconstruyendo el puente

Manos atadas. No pudimos. El puente se quebró. Caímos al volcán, volcán de asfalto el mío, el tuyo de olvido. 
Ahora puedo repararlo en mí, reconstruir mi puente y el paisaje en el que se sostiene; dejo que las tejedoras se conviertan por un segundo en cirujanas de átomos.
Me llevan a un punto de encuentro, aspirando entre la niebla, tenue, el aroma de la paz. Ojos en blanco, profundo sonido esférico, golpes de tambor, chasquido de ramas... Silencio. Abro los ojos. Estoy en mi cama, siempre he sabido que era temporal y ahora he desbloqueado la atadura. Un pensamiento me da la bienvenida. Me levanto sabiendo lo que tengo que hacer. Preparo la maleta. Voy a la estación, esta vez con pasaje. Y vuelo a mi paraíso, sabiendo que ningunas cadenas me obligarán a volver.

10/11/13

Intento salir del asfalto

Mi sueño es mi sustento
y tanto me alejo de él
que hasta las letras se desintegran
entre mis cansados dedos,
que más parecen de plástico
o de cemento.
El sonido del reloj
que no me deja rimar,
que me roba las imágenes
que un día me nutrieron.
Y malgasto mis días,
sin vivir
y sin muerte.
Y malgasto mis años
sin fabricar la suerte.
Y se convierte
en gris el verde,
mas no un gris hermoso,
no una niebla
de una mañana de noviembre.
No.
Es el gris
de un mal dormir
sin sueños,
de mente vacía,
pero no vacía e iluminada, sino
vacía y muerta.

Deja de torturarme,
dice la Poesía;
deja de asfaltarme con tu rutina.
Si quieres volver a mí
has de abandonarla.
¿Vino nuevo en odres viejos?
No debes profanar mi esencia.

Te entiendo, Poesía,
y qué más quisiera yo
que regresar.
Pero cómo, dime, cómo.
Si esta marea negra
se me pega a la piel
y mi corazón rezuma veneno
que sube a mi mente y ya no puedo ver.

La respuesta sabes cuál es
y sabes dentro de ti
que vas por la senda correcta.
Fantasía y yo te esperamos
con una fiesta de bienvenida,
de feliz regreso,
y esta vez será
para siempre.
¿Estás dispuesta?

1/11/13

Disolver el zulo

Vivía en una cárcel y no lo sabía, porque en las paredes estaban proyectadas imágenes semi agradables con sonidos, olores... Hasta que una persona me abrió la puerta y me mostró el mundo de verdad, la felicidad. Quise salir, pero nada más poner el pie fuera, sentí cómo el Sol me quemaba, hiriendo mi cansada piel, así que volví a mi zulo.
Pero ya me había picado el gusanillo, y curé con amor pero de manera tajante las heridas más grandes, y así deshice unos cuantos barrotes. Y traje a mi vida una nueva posibilidad de salir de la cárcel. Se presentó magnífico y hermoso y así era. Comencé a experimentar mi verdadero ser, hasta que... algo comenzó a tirar de mí, porque algo aún estaba podrido en mi interior. Seguía encadenada, sí, la cadena era larga, tanto que me había permitido ir lejos, pero ahí estaba y no encontraba la llave.

Tuve la opción de pedir ayuda para cortar la cadena de una vez por todas, pero no lo hice. Elegí regresar a mi prisión sin saber que, al desaparecer esas imágenes proyectadas, me encontraría la verdad de mi podredumbre: un zulo lleno de ratas, donde no se puede respirar. Y como el aparato de proyectar aún funcionaba a medias, llené mi elegida soledad de alguna que otra ilusión, pero esta vez sabiendo que eran falsas.
Ahora puedo ver el asunto desde todos los ángulos, milagrosamente, y también percibo un hilo de realidad, de libertad, las primeras letras del conjuro que deshará estas cadenas que son mi propia creación, pero para ello he de ahogarme en todo el dolor que había encerrado en la cárcel, para salir juntos nadando y que la fuerza de liberar mis emociones reprimidas sea una enrome ola que me lleve por fin al lugar que es mi lugar, y que la sal deshaga las paredes de mi zulo y allí crezca un bosque sagrado.

Mientras llega ese momento acaricio el suave hilo de mar que fluye de mis entrañas, sabiendo que todo acabará, perdonando mi insensatez, dejando que el pasado en el que vivo se funda con todo mi tiempo, el perdido y el disfrutado.

10/9/13

Mi fiel compañera


Ella nunca me dejó, sin embargo muchas veces yo me aparté, unas hundida en la cenagosa rutina y otras corriendo tras mi divinidad vestida de monstruo. Pero ella, mi fiel compañera, siempre regresa con su dulce incondicional sonrisa. Y me acuesto entonces en su inspirador regazo, que pronto se transforma en alfombra mágica que me lleva a recorrer los más bellos, misteriosos u oscuros lugares, los introduce en mi pluma y yo simplemente transcribo lo que ella, con su infinito amor, me mostró. Yo sí que puedo decir que sin ella no vivo, no podría ser feliz. Quizás era ella quien realmente se formaba en el útero y lo que creo que soy yo no es más que un conjunto de tristes, hirientes e inútiles pensamientos. En ese caso, muera yo y viva ella para inundar con su chispa el mundo.

Llévate tu mar

Llévate tu mar, que al rozar mis manos perdería su sabor. Viste que las esferas no se tocaban. No tires más de los años, que se rompe el tiempo y ya no soy la misma. Unos me hago más vieja y otros derramo mi perla sobre mi sangre, tornándose ésta multicolor. Mira tu vida, allí está todo lo que necesitas. Qué fui más que una estela en tus aguas silenciosas. Dónde está nuestra libertad; la tuya en ti, la mía en mí. Mucho perdón necesité para recuperar mi Sol proyectado en ti, pero no, no hablemos de vacíos y tristezas varias, que ya se ahogaron en el verdadero amor, el que aprende a darse uno mismo. Por eso, procura no recordarme más, no preguntarte cómo me va, pues cada vez que me piensas, se apaga temporalmente un rayo de mi Sol y hoy más que nunca necesito que me caliente allá en lo alto.

1/8/13

La niña buena: capítulo 2

 Capítulo 2 En que Paola deja de comer
Espero que disculpéis a Paola, pues se encuentra ocupada y en esta ocasión yo me encargaré de narraros esta parte. Quizás no sea la única vez que nos encontremos.

Paola era una niña tranquila, inteligente y tenía buen comportamiento, sobre todo en el colegio. Reaccionaba de manera positiva ante la justa disciplina, de modo que los demás pensaban que se mostraba dócil con cualquiera, peor no era así. Es cierto que su timidez no la dejaba sacar ese carácter que sólo conocían en casa; así que se limitaba a callar y a seguir haciendo sus cosas. Como una actitud o persona no le gustase se mantenía en sus trece.
Estaba terminando el primer año de secundaria y ya se respiraba el buen tiempo. No era una chica popular pero tenía dos buenas amigas y se llevaba bien con el resto de sus compañeros. La chica que se sentaba a su lado era realmente simpática y divertida, sin embargo no podían verse fuera del colegio porque vivía en un pueblo. Paola sintió mucha curiosidad cuando Noelia le contó que allá en el pueblo tenía novio y se habían besado. Pasó días preguntándose cómo sería tener novio. Parecía muy interesante. A ella le habían gustado algunos niños de los diferentes colegios en que había estado, pero ellos nunca lo supieron y ni siquiera se le pasaba por la cabeza eso de besar a un chico.
Paola se quedaba en el comedor. Hacía esfuerzos por probar la comida, pues en casa no le daban verduras ni aquello que no le gustase y en el colegio los macarrones llevaban cebolla y salsa de tomate, las lentejas trozos de zanahoria y pimiento, le ponían huevo cocido con una salsa verde de aspecto horrible, lechuga, etc. Aunque no estaba acostumbrada comía al menos la mitad. Ya le pondrían en casa lo que le diera la gana; si su madre la veía poner mala cara ante un plato le cocinaba otra cosa. Luego se quejaba de que fuera tan especialita, pero prefería aguantar sus gritos a comer lo que no le gustaba.
Las chicas mayores se sentaban en las mesas de atrás. Aunque sólo se llevaban un año su actitud era muy diferente. Se pintaban las uñas, se preocupaban por la ropa y se reían todo el tiempo. Un día la cuidadora del comedor las regañó porque dejaban todo en el plato, y otras veces metían trozos de comida en servilletas o la tiraban donde podían para fingir que al menos la habían probado.

28/7/13

La niña buena: capítulo 1

¿Os habéis preguntado alguna vez cómo un buen niño o una buena niña se desvía del camino y se convierte en una persona problemática? Os contaré parte de mi historia, a ver si entre todos podemos llegar al fondo de la cuestión.

Capítulo 1 En que Paola se escapa de casa de su padre

Me llamo Paola y soy de una ciudad como tantas otras. Mi madre se pensó mucho mi nombre porque no quería que nadie me llamase con diminutivos. Le gustaba Carolina, pero entonces salió una canción un poco tonta que lo mencionaba y tuvo que seguir pensando. Al final escogió éste. Lo que no sospechaba es que la gente, como quiera, saca diminutivos de cualquier palabra, aún saltándose las reglas esenciales del lenguaje. Fue así como algunas personas moldeaban mi nombre cual trozo de plastilina y me llamaban Paolina, Paolita, Pao e incluso tuve una amiga que me llamaba sólo Pa. Y el colmo fue oír veinticinco años después de la complicada elección cómo mi propia madre me decía: Pao, ¿has visto la llave inglesa?; Pao, ¿sabes dónde hay pilas que funcionen? Pero a esas alturas ya me daba igual cómo ella utilizase mi nombre. Sí, lo sé. Ha sonado duro, sin embargo pronto lo entenderéis.
Empezaré con algo que me pasó a los catorce años, cuando habían transcurrido dos desde que todo se estropeó. Fue en la fase en que estaba gorda. En realidad siempre me habían sobrado un par de kilos, pero esta vez engordé intencionadamente, y bastante, por lo menos diez kilos.
Tenía catorce años, pues. Mi madre estaba en el hospital; no recuerdo de qué la operaban esta vez; siempre tiene alguna enfermedad. Mi hermano pequeño se quedó en casa de una tía y yo me quedaría con mi padre. Preparé el macuto con el chándal, el peto de pana, los vaqueros y jerséis y cogí el autobús. Mi padre no se había mudado tantas veces como mi madre y yo. En esta casa llevaba ya unos cuantos años. Era muy bonita, a las afueras, frente a una elegante urbanización y cerca del mayor centro comercial de la ciudad. Me llamaba la atención porque, al contrario que las casas en que yo había vivido, no se caía a pedazos. El suelo y las paredes se veían brillantes, era amplia y además estaba limpia y ordenada. Mi padre es un tipo tranquilo y simplón, pero muy amable y de buen corazón, algo que por aquel entonces yo no sabía. A mí me habían dicho que tenía dos caras, bueno en la calle, malo en casa. Desde muy pequeña me advirtieron sobre él. Mi madre me decía: ya lo comprobarás por ti misma cuando seas mayor. Ella me contaba las cosas horribles que le hacía, que si se reía de ella, que si era nudista y la dejaba en vergüenza delante de la familia y cosas peores. Yo no lo conocía mucho. Cada vez que empezábamos a vernos de manera continuada ellos discutían y pasábamos años comunicándonos sólo por carta, pues nunca tuvimos teléfono fijo ni había móviles. Me gustaban las cartas que me escribía, donde me decía que me quería y me echaba de menos y que siguiera siempre a mi corazón. No os imagináis la que me montó mi madre a cuenta de la frasecita. Que si eso es una tontería, que si hay que pensar con la cabeza... Y cuando mi madre soltaba sus impetuosos discursos yo le daba la razón. Era mi heroína (ahora sé que en los dos sentidos).
Bajé del autobús y caminé hacia la casa. Era tan bonita y tranquila esa zona. Fui hasta el último portal del bloque largo y blanco de tres o cuatro pisos y llamé al interfono del último portal. Me daba un poco de vergüenza pero tenía que hacerlo. ¿Que cómo puede sentir alguien vergüenza de su propio padre? En realidad me pasaba con todo el mundo, hasta con mi abuela y mis tíos maternos. No os cuento ya lo que me incomodaba ir a hacer recados. De pequeña me escondía detrás de mi madre cuando nos visitaban o cuando paraba a hablar con alguien por la calle. No era de esas niñas encantadoras que responden a las preguntas de los adultos o que al menos les regalan una sonrisa.
La puerta del portal se abrió sin que nadie contestara. Atravesé el hall y llamé al timbre de la casa, que estaba en la planta baja. Tenía el estómago revuelto de pura timidez. Sonó el picaporte y la puerta comenzó a abrirse. Y entonces me llevé un susto tremendo. Mi padre estaba completamente desnudo. Le saludé en un susurro, procurando no bajar la mirada de su cara. Espera un momento, me dijo. Se le veía sorprendido. Quizás no me esperaba tan pronto. Desapareció por el pasillo y yo me metí rápidamente en el baño con macuto y todo. Respiraba de manera acelerada y tenía ganas de llorar. Yo me voy de aquí, pensé. Salí sigilosamente del baño. No había rastro de mi padre. Debía de estar vistiéndose. Cogí por enésima vez mi macuto y huí veloz. Cerré la puerta con cuidado y caminé agitadamente hasta estar bien lejos. Decidí ir a casa de una de las hermanas de mi madre, que vivía a medio kilómetro de allí. Estaba más nerviosa que nunca. No entendía las emociones que me golpeaban por dentro. No sé si me sentía dolida, decepcionada o asustada. Mi madre ya me lo había advertido. Mi madre siempre tenía razón.
Poco queda por contar de esta aventura. En casa de mi tía por fin rompí a llorar, ni la timidez me frenaba. En las horas posteriores se armó un gran revuelo. Mi padre había llamado no recuerdo a quién, alarmado porque había desaparecido. Mi madre se acabó enterando. Ya imagino los improperios que soltaría contra el “sinvergüenza” de mi padre. La noticia voló de unos familiares a otros hasta que la tía que me estaba cuidando tranquilizó a mi madre diciéndole que yo estaba bien. Y por supuesto comenzó una de esas temporadas en que trascurrían varios años sin ver a mi padre.

8/5/13

La vaca que quería ser libre... y lo consiguió.


En un prado había unas vacas. Vino un granjero malo que se llevó las vacas a un centro de tortura para sacar mucho mucho dinero de la industria cárnica. Las vacas no se daban cuenta, pero entonces unas pocas comenzaron a descubrir la verdad, y esa verdad fue transmitida al resto de las vacas. Así que se rebelaron y mugían con todas sus fuerzas e insultaban al granjero. Y entonces pidieron tener otro granjero que les llevase de nuevo al prado y las cuidase como hasta entonces. Tanto mugían y se rebelaban que otro granjero entró en el matadero y discutió con el granjero malo. Defendió los derechos de las vacas y les prometió un gran prado con hierba fresca y abundante, atención veterinaria gratuita y revisiones preventivas, servicio de limpieza de estiércol también gratuito, grandes bebederos con agua de la montaña y ser ordeñadas muchas menos veces que en el centro de tortura del granjero malo. ¡VAMOS A VOTAR!, dijeron. Un mugido significaba un voto para el granjero bueno, dos mugidos, un voto para el granjero malo. El resultado fue evidente. Las vacas entonces se fueron a un precioso prado y allí vivían felices. Tan sólo tenían que ser ordeñadas alguna vez al día, pero el granjero era delicado y no tenía nada que ver con esos aparatos tan dolorosos que utilizaba el granjero malo. Y eso no era todo, cada cierto tiempo llevaban a una vaca a un sitio que el granjero decía que era espectacular y se quedaba allí para siempre. 
Las vacas disfrutaban de hermosas vistas: los picos montañosos en el horizonte, un río cristalino serpenteando por el valle, las águilas volando sobre sus cabezas... Un día una vaca le preguntó a otra: 
-¿Quién es el granjero de las águilas?; y la otra, que había adquirido algún conocimiento sobre el exterior le contestó: 
-Nadie, amiga. Las águilas no tienen granjero.
-Entonces ¿por qué no se mueren de hambre?
-Porque consiguen la comida por sí mismas; la vaca que había preguntado se quedó pensando sobre ello. Miró lo que había más allá de la verja. En la colina, en el valle y las montañas también abundaba la hierba, como en su prado y además había unas preciosas flores. Otro día le preguntó de nuevo a la vaca con conocimientos si no podrían ellas vivir afuera, como las águilas, sin granjero. Pero entonces le contestó, muy asustada, que los lobos acechaban en lo alto de la montaña y el granjero estaba allí para protegerlas. Sin embargo, a pesar del miedo, una sensación misteriosa había calado hondo en la vaca curiosa. 
Día tras día, su vida en el prado se volvía más predecible y poco interesante. Y entonces decidió hacerlo. Una noche escapó del prado y corrió y corrió hasta llegar a una cueva. El sentimiento de misterio aumentó considerablemente en su interior y entonces oyó un gruñido y también sintió miedo. Recordó lo que le había dicho su compañera acerca de los lobos. De la negrura de la cueva surgieron unos colmillos grandes y afilados. El lobo se disponía a atacar cuando una loba de ojos brillantes le indicó que se detuviese. Miró directamente a la vaca y susurró al otro lobo: fíjate bien, no es lo que aparenta. Así se enteró la vaca de que en realidad, hacía años, le habían dado una poción para que se viese como una vaca y el único modo de deshacer el hechizo consistía en recordar quién era en realidad. La loba le regaló un talismán que le guiaría en su búsqueda. Y partió. Observó a los osos, a los ciervos y las cabras, a las serpientes y a las águilas, pero no sentía que fuese ninguno de ellos, aunque los admiraba profundamente, igual que a sus amigos los lobos. Una noche sin estrellas el talismán se iluminó y emitió un sonido. Fue siguiendo los rayos de luz del talismán hasta que llegó a un claro del bosque donde entró en un estado de ensoñación. Se sintió ligera y transparente y sin darse cuenta comenzó a transformarse en todos los animales que conocía y otros que aún no había visto. Entonces descubrió el gran secreto: que ella era nada y todo al mismo tiempo y que podía elegir qué forma tomar y ésta no tenía que ser permanente. De repente, sin ninguna imagen en su mente, su cuerpo se movió como una enredadera. Sabía que acababa de adquirir su forma esencial, pero no sabía cuál era. Se acercó a la orilla del río y vio un hermoso cuerpo de caballo blanco con dos majestuosas alas. Y comenzó a volar. Y en lo alto del cielo tomó el color rojo, el verde, el azul, el violeta, el amarillo... se vistió de todos los colores hasta que decidió quedarse sólo con uno, por el momento. Y cuando amaneció voló por encima del prado de sus antiguas compañeras, las vacas. Después vio al granjero salir con una de ellas y lo siguió. Llegaron hasta el matadero del granjero malo y éste le dio unos billetes a cambio de la vaca.
-¿Qué tal te va mi producto? -preguntó el granjero del prado.
-Ha sido una solución excelente -contestó el granjero malo. Esas vacas están contentas y nosotros nos forramos. Nunca lo sospecharán. Sólo son vacas.
-Bueno, en realidad no. Y no deben saberlo. Si descubren la verdad estaremos arruinados. Imagínatelo. Todas se irían del prado y se transformarían en aquello que quisieran, incluso en lo que más temen: los lobos.
-Entonces sigue metiéndoles miedo con ellos -dijo el granjero malo-. Tienen que estar atemorizadas. Jamás sabrán que la gran loba no permitirá nunca que un depredador las ataque. Todos la respetan.
-Sí, pero esas vacas tontas no conocerán en su vida a la gran loba de la montaña.
Los granjeros estallaron en carcajadas mientras el pegaso se alejaba del lugar. Sentía que debía rescatar a la vaca del matadero y avisar a las vacas del prado de las verdaderas intenciones del granjero, aunque quizás no la creerían. Pero esa es otra historia que contaremos en el momento adecuado.

Verde amor


Susurras mi nombre con tu fresco aliento. ¿Dónde estás?, me dices, y hasta me parece oír cómo extiendes tus brazos hacia mí. Ven pronto. Mis frutos casi están ya listos ¿y quién sino tú podrá apreciar mis latidos en cada bocado?
Esta mañana desperté contento, pero enseguida me sentí vacío; me faltaba tu canción. ¿Quién me amará? Dime. ¿Quién será capaz de poner sus ojos en aquellos rincones que sólo tú percibes?
Cuánto yo quisiera estar allí contigo, embriagarme con tu néctar, sentarme a tus pies. Pero cómo, cómo iré. Canto alto para que el eco te haga llegar mi canción y no la olvides. Quiero de nuevo dibujar con mis dedos sobre tu piel, coleccionar tus fragancias y mirar el brillo de tus ojos en la noche, arropada por tus guardianes. Quizás pronto tu corazón pintará mi piel y volveré a nadar en tu sangre cristalina. Por el momento, aquí tus primos me cuidan bien y me animan a continuar mi misión. Dejemos pues, que las hadas hagan de mensajeras entre nosotros y que las arañas vayan tejiendo un puente para el día en que al fin pueda regresar a ti, mi eterno amor.

A los bosques y ríos que un día conocí y jamás dejaré de amar.

11/3/13

Sorbitos de eternidad

Déjame beberme sorbo a sorbo la eternidad, sentarme junto a esta fuente y observar lentamente cada onda que se forma al derramarse el hilo de agua. Ser testigo de cada rayo de sol renovando sus legendarias piedras. Hacer con mis ojos del verde de los árboles una variada paleta. Sí, no me pidas, Otra, más, que vague sin rumbo, que me llene de modernas preocupaciones. Aléjate ahora y calla, que los pájaros quieren hablarme ¿no los oyes? No, tú no puedes oírlos. Entonces, déjame... esculpir una historia en cada nube, mientras el viento baja hasta a mí y me susurra en cada célula de mi cuerpo, secretos que nadie conoció. Me empujas constantemente a buscar la felicidad en intercambios monetarios, caminos de ruido y racionales bailes; prisas, siempre prisas. ¿A qué tienes miedo? ¿Acaso al fin? ¿Y qué es el fin sino un nuevo comienzo? Sí, Otra, es posible que esté equivocada y que no haya eternidad, pero si esto termina mañana, la habré experimentado en estos pequeños instantes en los que me permití sumergirme a sorbitos en mi Paraíso. Calla, Otra, calla, que los pájaros quieren hablarme.
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En referencia al ejercicio del Otro: http://mimundoretorcido.blogspot.com.es/2009/06/ejercicio-del-otro.html (Del libro "A orillas del río Piedra me senté y lloré" de Paulo Coelho.

4/2/13

Tu momento


Cierra los ojos. Siente tu respiración. En la pantalla negra de tu mente comienza a proyectar el paisaje que surge de esta melodía. Déjate envolver por él y una vez dentro, haz lo que desees. Puedes pisar descalzo la hierba, oler la brisa de los árboles y las flores, escuchar los sonidos que habitan el lugar..... y echar a caminar hacia donde quieras para descubrir nuevas sendas, nuevos paisajes. O quizás quieras quedarte sentado disfrutando de lo que ves. Tú eres el dueño de este momento.

28/1/13

Despedida

Mi muy querido compañero:
¿Desde cuándo estás conmigo? ¿Recuerdas cuando, en mi fría y húmeda habitación, me arropabas por las noches? ¿Cuando me sonreías desde los retratos?
Te llevé de la mano al parque, a la escuela, al instituto después, a los bailes, los paseos, viajes... Jamás te solté.
Cuando estaba con otras personas, tú me agarrabas bien fuerte, haciéndome titubear. Estabas conmigo incluso en los besos y arrebatos de pasión, sujetando mis riendas. Una vez que jamás olvidaré, tuve la ocasión de cambiar mi vida del todo, convirtiendo mi cárcel en un amplio jardín, pero con la condición de ir completamente sola, sin ti. Y tú te me pegabas tan fuerte, con tu incansable llanto, que no pude hacerlo, y continué en mi cárcel.
Pero ha llegado la hora, querido compañero, de que nos separemos. No llores esta vez, has de aceptarlo. Agradezco enormemente todo lo que me enseñaste, lecciones que jamás olvidaré, pero ahora es necesario que te vayas y que me vaya yo, sola por primera vez. No te preocupes por mí. Gracias a tus lecciones, sé apañármelas y, aunque me encuentre con retos, los superaré.
Ahora afloja poco a poco tus brazos de mi corazón, así, sepáralos. Te regalo esta poción para que te de fuerzas e ilusión por correr ya sin mí. Sé que temes la soledad, pero ¿sabes? La soledad es hermosa cuando te haces su amigo, te cuenta historias, te muestra maravillosos paisajes vírgenes y enciende tu corazón cuando sonríe.
Ahora que me has soltado, deja que sea yo quien te abrace dulcemente. Llora si lo necesitas. Llorar es bueno, igual que la lluvia es vida para los bosques. Y cuando ya estés listo, da el primer paso y echa a correr con todas tus fuerzas.
Y entonces sí, cuando ya estés lejos, mi corazón se abrirá como una flor de loto, y desplegaré mis alas y por fin, podré volar.

(CARTA AL MIEDO)

Imperativos de sal

Rodéame con tu serenidad. Plasma en mí tu huella. Traspásame verticalmente con tu rayo. Escucha mi brisa. Y haz tuyos estos imperativos, transformándolos en olas del mar.

25/1/13

Más niebla que oscuridad

Hay días en los que la danza de letras que calienta mi corazón y recorre mis células, es opacada por una densa niebla que me impide ordenarla y transformarla en verso, y se queda allí, en su océano, como un rayo de Sol que se asoma sólo unos pasos al espacio porque un muro le impide continuar, sin poder acariciar a la hermosa dama del vestido azul y verde. ¿Dónde se quedarán esos versos? ¿Qué será de las historias? 

Así pues, ya que la niebla me impide expresarme con mis propias palabras, utilizaré esta canción.