22/11/17

Reventar voces

Hace frío, pero estoy
sudando cristales rotos;
se calla el tiempo, lame
con ansia y sin piedad mis ojos.

Manos, solo ahora, de acero.
Ya sin afilados dientes.
Sin esos escorpiones
que hoy no mata la pureza.

Afilada sí es mi alma;
la vuelve roma mi boca.
Alas tan encendidas
que en este instante no las siento.

Se vuelven Ícaro insensato,
pero bien abastecido.
Dejan, en un segundo, atrás
ríos, países, mundos.

Y se concentra el fuego en el puño,
que busca insaciable paredes,
máscaras. Vestigios de un carnaval cierto
podrían salvarlo, detener
los pedazos de vidrio de los dedos.

Voces que no entienden
de madejas ni costas
que besa a veces el sol.

Voces que quiere, que anhela
reventar el puño encendido,
destrozar el ausente frío.

10/11/17

Adiós

Yo soy la flor que has sepultado bajo tu colección de escombros. Tú eres mis lágrimas, que se elevan de mis ojos y purifican bosques.
Tú has convertido mis recuerdos en arenas movedizas, los has envuelto en azufre. Yo guardo en mi manantial tus catedrales y cementerios, porque me sobra coraje para amar precipicios y edenes.
Sale, o salía de tu rostro una luz que atravesaba el pecho. Pero mi luz dispara sus dardos hacia dentro y hacia fuera, dejándome al descubierto cada lirio y cada ortiga, deshaciendo toda máscara que tenga la tentación de ponerme.
Tú encierras tu noche en un búnker y en mi cielo no hay ni un gramo de acero, ni una valla. Y vive la piel junto al alma. Y la tuya la he perdido.



3/11/17

1-XI-2017

Me está dando tregua el otoño, evitando que se asiente noviembre, con su pipa y su raído paraguas. Y deja que la tierra se seque para que no se me inunde a mí el alma. No quiere que se me enfríen las manos, porque sabe que no aceptaré cualquier hoguera, que aunque hay mucho calor en mi pecho, solo tengo dos brazos, y son ambos tan yo que me producen hastío. ¿Para qué quiero copias de mis paisajes? Mi curiosidad insaciable desea navegar por un cielo ajeno, beber formas y fragancias que nunca encontré en mí.

Pero se cierran las ventanas y no hay alrededor palpitantes montañas que llamen como un imán a mis pies. Estos buscan ligereza, seguir la estela del vencejo disfrazado de cuervo. Imposible. Se ha disipado. Atrapado en negras mareas, ya no sabe retomar el vuelo.

Se eleva un gas tóxico del mar que lo destruye todo, causa ceguera, mata el tacto. Y mis alas indomables, que no temen salpicarse, lo sobrevuelan, como si cabalgaran un desierto de ceniza. Ya no sé si esperan encontrar algo, pero no pueden seguir otro rumbo, guiadas por no sé qué fuego invisible, tan cierto. No temen, no, quedar perdidas en este recurrente laberinto de Teseo, porque, estén donde estén, las envuelve un viento libre, un viento en el que se han rendido el rencor, el ansia de vencer, el miedo a las heridas, la necesidad hueca. Un viento que solo sabe ser.


26/10/17

En los días de niebla

La sombra enredadora amenaza con lacerar de nuevo el pecho, y me trae palabras viejas que mi cuerpo, hoy cansado, no puede esquivar. Camino por bosques de cristal y humo. Y debate el vestiglo con mi sangre.

Pero, esta vez, vence la pureza. Se posa como un suave sol en mis rincones, sin quebrar telarañas, convirtiendo el polvo en destellos.

Y olvidan mis manos esas que sostienen cantos monocordes disfrazados de blues, o tintineantes danzas en concurridas calles. Promesas de explosiones bajo cuencas vacías que me niego a llenar, aunque me sobre fuego.

Y se van las palabras cargadas de escorpiones. Las derrite el beso de la ondina, que se sumerge en caudalosos ríos sedientos siempre de paisajes. Y teje la prudente, mientras bebe ocasos. Perdonándose a sí misma por dejar en los días de niebla su labor. Porque no es fácil ser Penélope y Ulises al mismo tiempo.


23/10/17

El beso del huracán

Manos que quieren encerrarme, atraparme en cajas de terciopelo. Convertir mi voz en un monótono canto. Eliminar mi cielo para instalar su techo.

Ven en mí algodón, quietud, cristal. Porque no se han atrevido a enfrentarse a su propio espejo. Y si las dejo aproximarse, me reprochan que sea, sobre todo, aire y fuego. Y un aire caprichoso, además, a veces brisa, a veces impetuoso viento.

Cabezas que pretenden fracturarme, despojarme de mis mares revueltos. Su motor inmóvil les lleva a dividirme, sin aceptar que pueda ser lágrima y sol al mismo tiempo; que me vista hoy flor delicada, mañana desnudas tinieblas que enredan mi cuerpo, tembloroso y firme, manantial y hielo.

Adjetivo y verbo. Loco querer. Serena pasión que me desangra. Beso impávido ante las sombras del tiempo, ante los monstruos hechos de zarzas.

Y sigo mi sendero trazado por el vuelo de una flecha que me lleva a donde quiero y no quiero.